Parla, Móstoles y Getafe. El triángulo sucio del punk madrileño.
Mientras Madrid sigue vendiendo el rock como producto premium con festival, pulsera y nostalgia enlatada, el sur volvió a hacer lo de siempre, meter ruido sin permiso. El Txiringopunk de Getafe, La Casika de Móstoles y el Let’s Go Rock Bar de Parla no fueron “tres eventos”, fueron tres recordatorios de que el underground todavía existe aunque no salga en las campañas de turismo musical.
Eventos que se canibalizan
En Getafe, el Txiringopunk volvió a ser lo que siempre ha sido: un espacio incómodo dentro de unas fiestas cada vez más domesticadas. Cráneo, All Or Nothing, Spidikflotes, Odio a Muerte, EJKE, Malo!o, Disekaos, Barbwire, Profilaktiko y A Granel pasaron por ahí sin pedir permiso ni perdón. Pogo, calor, cerveza y esa sensación de que el escenario es solo una excusa para juntarse a sobrevivir otro año más dentro de esta ciudad cada vez más domesticada.
En Móstoles, La Casika mantuvo el tipo como uno de los últimos sitios donde todavía se entiende qué significa autogestión sin comillas ni marketing.
Suzio 13, Hard Life y Pubic Enemy tocaron para tos los que se acercaron, como siempre hacen con total entrega y pasion, que es lo único que importa cuando el sistema ya ha decidido que estos sitios no deberían existir. Y sin embargo siguen.
Y luego estuvo Parla. El evento que cubrimos desde Rockforeveryone en El Let’s Go Rock Bar.
Fue la cara C sin maquillaje del fin de semana. Mala Madre, Deklarados Kulpables y Evolz tocaron prácticamente para más crestas que público, en una sala pequeña donde el eco rebotaba más que la gente.
La noche comenzó a manos de Mala Madre, punk de los 80 en pleno siglo XXI, afilado y lleno de consignas propias del estilo.
La Noche continuo con los Deklarados Kulpables, versiones de Rock radical vasco, sonaron inmos, Entre otro Eskorbuto, R.I.P., La Polla records y otros tantos.
La noche se cerro con los Evolz, su punk rock melódico, coros pegadizos y riffs que te invitan a menear el body.
El punk no está muerto, pero a veces sobrevive en una sala medio vacía
Ahí estaba todo, actitud, ruido y cabezonería. Porque cuando no hay gente, no hay excusas: solo bandas sosteniendo el tipo por pura convicción. Ni estrategia, ni relato bonito, ni discurso de William Wallace levantando la moral, solo un bolo que salió adelante porque tocaba salir adelante.
El underground no llena, pero tampoco se rinde
Y ahí está la clave: mientras el sur encadena conciertos como puede, mucha gente sigue teniendo que elegir entre bolos que deberían convivir y no competir. Quizá no sea una escena perfectamente coordinada, pero sí una escena que se niega a parar. Y eso, hoy en día, ya es bastante más que suficiente.
Para mas info de interés, os dejo los siguientes artículos, entre los cuales esta la programación de las noches de botánico que comienzan en nada:



