Los abusos sexuales de Jared Leto y el problema estructural de la industria musical

El actor y músico de la banda Thirty Seconds to Mars, Jared Leto, vuelve a estar en el centro de la polémica tras haberse estrenado el documental de la BBC Jared Leto: Hollywood’s Dark Secret. Este reúne los testimonios de varias mujeres que lo acusan de presuntos delitos sexuales cometidos entre 2002 y 2016. Según la investigación, 4 de las denunciantes eran adolescentes en el momento de los hechos. A pesar de que la BBC ha corroborado los testimonios por medio de pruebas documentales, Leto ha rechazado todas las acusaciones, que llevan años circulando por redes.

El caso no trata solo de los deplorables actos de los que se acusa al cantante, sino de cómo funciona el ecosistema que rodea a las estrellas de rock. Un artista puede entrar en contacto directo con chicas muy jóvenes gracias a una red informal de personas y dinámicas que normalizan ciertas situaciones. Por eso, más allá del caso de Leto, resulta pertinente preguntarse hasta qué punto la estructura de la industria ha favorecido durante años estas dinámicas.

Detrás del escenario: el backstage como espacio de poder

La celebridad nunca actúa sola: un artista no organiza personalmente quién accede al backstage o a fiestas privadas. Existe un entramado mucho más complejo, formado por asistentes personales, responsables de seguridad, promotores, managers, relaciones públicas… Esto hace posible los encuentros, lo cual nos lleva a plantearnos la pregunta de qué sabía cada uno. Un backstage es, por definición, un espacio de acceso restringido con fuertes jerarquías (el artista se sitúa en una posición de poder respecto al fan), donde las responsabilidades son difusas y existe escasa supervisión externa. Allí coinciden equipos del artista, promotores, seguridad, trabajadores temporales e invitados… Las responsabilidades suelen estar fragmentadas y no siempre existe una autoridad con capacidad real de supervisión. A esto se suma la cultura de la excepcionalidad que rodea a las celebridades: ciertas conductas pueden interpretarse como parte del ambiente, de la privacidad del artista o de las reglas informales de la industria. En ese contexto, cuestionar lo que ocurre resulta difícil, especialmente para quienes ocupan posiciones precarias o dependen del entorno de la estrella. Así, comportamientos que fuera de ese espacio generarían alarma pueden normalizarse, quedan sin documentar.

Cuando el fan se convierte en parte del círculo

Muchas comunidades de fans construyen parte de su identidad alrededor del acceso a su artista preferido. Conseguir una invitación se convierte en un símbolo de estatus dentro del fandom, lo cual genera un fuerte incentivo para aceptar situaciones que fuera de ese contexto podrían resultar incómodas. Parte de las denunciantes de Leto eran adolescentes en el momento de los hechos, una etapa donde se construye la identidad y aumenta la necesidad de pertenecer a un grupo. En el caso de Jared Leto, esa relación de cercanía con sus seguidores ha ido más allá de los conciertos. Desde 2019, el cantante organiza los llamados Mars Island, unos retiros de varios días en los que convive con cientos de fans, mayoritariamente mujeres. Se presentan como experiencias para los seguidores y no existe ninguna evidencia de que estos eventos estén relacionados con las acusaciones que recoge el documental. Aún así, ilustran hasta qué punto algunas celebridades construyen un vínculo estrecho con su público. Este contexto es relevante para poder comprender la dinámica de poder sin juzgar a la víctima, que ha experimentado un suceso traumático en un momento de su vida en el que la figura pública ejerce gran influencia en su vida.

La disonancia del fandom

Por otro lado, cuando alguien denuncia a una figura idolatrada, muchas comunidades reaccionan atacando a la víctima. No porque tengan pruebas, sino porque aceptar la denuncia implica destruir una parte de su identidad. En psicología, este fenómeno se denomina disonancia cognitiva: la dificultad para conciliar dos ideas incompatibles, como admitir a un músico y aceptar que haya cometido actos reprobables. Este patrón se ha repetido en varios casos dentro del rock, con figuras como Marilyn Manson, Steven Tyler, Axl Rose o Till Lindemann siendo defendidos por sus fans tras acusaciones de abuso. 

Una pregunta para toda la industria

Hasta la fecha, el artista ha negado las acusaciones y no consta que exista una investigación penal abierta. Además, algunos de los presuntos delitos sucedieron hace más de 20 años, lo que puede plantear problemas de prescripción dependiendo de la jurisdicción. Lo que sí está claro es que el documental ha supuesto un grave impacto reputacional hacia el artista y su banda, sobre todo teniendo en cuenta que la BBC ha incorporado testimonios de antiguos miembros del entorno de Thirty Seconds to Mars, que afirman haberse sentido incómodos con determinadas dinámicas del cantante. El caso de Leto deja en evidencia que no basta con preguntarse qué hizo una estrella, también hay que cuestionarse qué estructuras han permitido que esas dinámicas perduren y por qué quienes estaban alrededor podían contribuir, consciente o inconscientemente, a normalizarlas o evitar que se destapen.

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