Lèpoka nos presenta su sexto álbum, y lo hace con un potente mensaje de lucha y rebelión, adornado, como siempre, con melodías fiesteras… y mucho buen rollo. Hoy os traigo la reseña de Rebelión Animal, el nuevo álbum de Lèpoka.
Concepto de Rebelión Animal
No es la primera vez que los chicos de Lèpoka nos traen un álbum conceptual. Ya lo hicieron con El baile de los caídos (2020) y, antes de eso, en 2018 con Bibere Vivere. Este último venía acompañado hasta de una novela propia que servía como marco para la historia que narra el disco —un proyecto que me parece de lo más interesante, al combinar música y literatura para sumergirnos de lleno en su universo—.
En esta ocasión, la novela no es de ellos, pero tampoco necesita presentación. Y es que Rebelión Animal está inspirado en la fábula de George Orwell, Rebelión en la granja. Los que conozcan la obra ya imaginarán el carácter de este trabajo de los castellonenses. Se trata de una crítica social donde cada tema encuentra su equivalente en algún capítulo del libro. Lo hace, eso sí, con esa forma tan especial que tiene el folk para contar las cosas: de manera alegre y festiva, sin perder la contundencia en sus letras y empujándonos a abrir los ojos a lo que pasa ahí fuera.
Aquí está una de las claves del álbum: música como la de estos chicos nos demuestra que se pueden abordar temas incómodos… y hacernos bailar al mismo tiempo. Tal vez sea esa energía positiva la clave para avivar las ganas de luchar por un mundo más sano y justo, Esa es la sensación que deja Lèpoka con su rebelión.
Brindemos por ellos y adentrémonos en Rebelión Animal.
La fiesta y la utopía
El primer tema es toda una declaración de intenciones. La última y a casa es un corte divertido y fiestero que comienza hablando de un plan solitario de pizza y sofá que, de pronto, se lía y acaba convertido en una noche de birras entre amigos. Una invitación a vivir el momento rodeados de música y buena energía. Aquí brillan todos los instrumentos, aunque me quedo especialmente en ese interludio, con la gaita y el violín como protagonistas.
La verdadera reivindicación aparece en Color Café —con la colaboración de Cifu, de Celtas Cortos—. Este hermoso tema es un canto a la libertad y la igualdad entre pueblos. De hecho, el vídeo que lo acompaña no podía ser más explícito: una recopilación de movimientos y protestas contra el racismo, incluido el famoso «ICE OUT», surgido como rechazo a las políticas migratorias de Estados Unidos. Musicalmente, uno de mis favoritos del álbum, gracias a un estribillo emotivo y pegadizo.
No quiero despertar nos presenta una utopía en la que hasta los grandes mandatarios apoyan la libertad del pueblo. Un escenario así solo puede ser fruto de un sueño —provocado aquí por un extraño elixir— del que el protagonista no quiere despertar. La canción se sirve —como indicábamos al principio— de un ritmo alegre para transmitir la euforia por ese mundo que nos gustaría encontrarnos cada mañana. Acertadísima la parte instrumental, donde esta vez destaco los solos de Dio y Popez con sus guitarras. Sin dejar atrás el animadísimo dúo de Dani y Zarach —vestidos de Mario y Luigi en el videoclip—.
En esta noche loca sale Trump con Elon Musk gritando «Palestina Libre», ¡todos a brindar! Y quizá esté soñando en la barra de un bar, pero me está flipando y no quiero… no quiero despertar.
El núcleo de la rebelión
Podría decirse que, a partir del cuarto corte, comienza el núcleo de la historia. Rebelión Animal, que da título al disco, es una composición que, aun siendo la más corta del álbum —no llega a los tres minutos—, deja en la boca un dulce sabor a libertad. No escatima en metáforas sobre animales que vuelan, ladran y hasta muerden, quemando las jaulas y escapando del redil.
Un nuevo Big Bang sigue la senda de la anterior, pero no puedo pasar de puntillas sin destacar la integración de un breve poema —recitado por Javier F. Ferrero— que cita directamente unas frases de Orwell, y queda perfectamente integrado en la simpática melodía de esta canción. Otra de mis favoritas.
«En tiempos de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario»
George Orwell
Otra ronda es de esos cortes que en directo darán mucho juego. Para mí, es una especie de continuación espiritual de La última y a casa: como si aquella promesa de tomar solo la última se hubiera alargado con la llegada de Manny Calavera, que participa en esta ocasión y lleva la canción a su terreno con su voz canalla y muchas ganas de fiesta. Ya puedo imaginar los pogos que se formarán al ritmo de la batería en este estribillo.
Lucha de gallos
Ya hablamos hace un tiempo de Gallo Rojo, uno de los temas que, a mi parecer, mejor representa el concepto del disco. Sentados frente a frente, Kutxi Romero, como invitado especial, y Dani interpretan a ritmo de vals el poema «Gallo rojo, gallo negro» de Chicho Sánchez Ferlosio. Como si ellos mismos encarnaran a ambos gallos, donde el negro representa al poder opresor y el rojo, a la resistencia. Una pieza cargada de simbolismo cuya letra nació en años convulsos y que hoy sigue siendo de lo más actual. Para comprender mejor su trasfondo, os invito a conocer el estupendo análisis de Gallo Rojo que publicó nuestra compañera Lydia cuando se estrenó.
A estas alturas del disco echaba en falta alguna lenta y, aunque SOMOS tampoco es una balada, sí es la propuesta más acústica del conjunto. Un medio tiempo donde hasta Dani Nogués se cuelga la guitarra acústica y toman protagonismo las melodías celtas de flauta y violín.
Por cierto, Dio y Popez vuelven a dejarme pasmado en Escala en Madrid. No os perdáis esos duelos de guitarra, breves pero curiosos, con cierto toque psicodélico que aportan a esta pieza un sonido distinto al del resto del álbum. Un tema que comenzó sonándome parecido a los demás y acabó sorprendiéndome.
Los animales se alzan con la victoria
Llegamos a la recta final de esta reseña de Rebelión Animal con Malas Lenguas. Esta canción es un viaje introspectivo sobre la nostalgia y el paso del tiempo, pero también sobre el crecimiento y la calma interior.
Y casi en la cumbre, el tema largo del disco. Dulcecanto, con más de nueve minutos, tiene de todo: un potente comienzo coral seguido de una melodía lenta, cambios de ritmo, y un momento de lucimiento para cada uno de los músicos. Me encantó la melodía de Zarach con su flauta, que da paso a lo que posiblemente sea el momento más heavy del disco —ojo a ese pasaje arabesco hacia la mitad del tema, seguido de rapidísimos solos de guitarra—. La letra habla de una vuelta al hogar, a las raíces, dejando atrás el cansancio de la lucha y las heridas de la rebelión.
Para cerrar el disco tenemos una llamada a la acción. Bestias de Inglaterra hace alusión a un pasaje de la novela que habla de aquellos sueños que se harán realidad, aunque ninguno de los animales que los soñaron esté ya ahí para verlos cumplidos. «Tira la puerta abajo pa’ ver un día más el sol. Que hay más cosas que el trabajo. Hoy nos quedamos sin voz» dice el último gran estribillo.
Conclusiones de la reseña de Rebelión Animal
En Rebelión Animal hay de todo: reflexión, juerga, literatura y grandes invitados. Grupos como Lèpoka demuestran que se puede lanzar un mensaje de reivindicación y protesta y expresarlo desde la alegría y el optimismo. El folk metal va de eso. Cerramos la reseña de Rebelión Animal con ganas de ver cómo sonará en directo, aunque no tardaremos mucho en descubrirlo.
Personalmente, este disco me parece un paso hacia adelante en el sonido Lèpoka, con tintes de punk y algunos momentos que me recuerdan al ska. Sin perder, por supuesto, el sonido folkie que es parte de su identidad. La música es evolución, y estos chicos han sabido entregarnos algo fresco y familiar a la par.
La rebelión acaba, pero queda el mensaje. Y es que, para salir de la jaula no basta con derribar la puerta; lo importante es decidir qué se quiere encontrar después.
Puedes consultar aquí las fechas de la gira Rebelión Animal Tour de Lèpoka.
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