La banda británica, que para muchos sigue lejos de aquel pico de popularidad que protagonizó hace veinte años, lanza un nuevo disco en el que por enésima vez tratan de recobrar el sabor original de su música. Conspiraciones, riffs pesados y mucho, muchísimo falsete, es lo que encontramos en este trabajo. Aquí tienes nuestra reseña de The Wow Signal de Muse.
Así suena The Wow Signal, el nuevo disco de Muse
ADVERTENCIA: esta reseña está escrita desde la más absoluta subjetividad. Como todas las demás supongo. Pero no todos los días uno tiene que desentrañar la nueva música de una de sus bandas favoritas. Para bien o para mal.
Muse saca nuevo disco. Vayan descorchando el champán, o preparando la hoja de reclamaciones, según les parezca. Yo particularmente opino que ante una banda como esta, que ha demostrado con creces un talento soberbio, incluso a la hora de lanzar temas insulsos, uno tiene que dejarse llevar y confiar. Como si jugaras con Argentina o con Portugal y le pasases el balón a Messi o a Cristiano. No es que no fallen nunca. Pero sabes que hay muchas posibilidades de que la chispa salte. ¿Ocurrirá eso con The Wow Signal?
The Dark Forest abre el disco con un galopante ritmo y unos arreglos orquestales que nos llevan a otro tiempo, tal vez a otro mundo. Mucho del Black Holes and Revelations aquí, y eso es buena señal, no sé todavía si para un WOW, pero buena señal al fin y al cabo. Ese interludio neoclásico, con Bellamy casi transfigurándose en Yngwie Malsteen, esos coros del final… Por favor, así se abre un disco.
Nightshit Superestar cambia por completo el tono, tal vez demasiado. Una canción más sencilla, más bailable, al estilo Supermassive o Undisclose Desires. La línea de bajo es una delicia, y la producción es brutal, pero sinceramente, no termino de conectar con esta faceta del grupo. Pero esto también es Muse. En Shimmering Scars regresa la oscuridad, con ese delicado piano sosteniendo la susurrante voz de Bellamy, en un registro mucho más bajo al que nos tiene acostumbrado, a menos al inicio. El tema se desarrolla poco a poco, pero de forma muy congruente, con las clásicas subidas y bajadas de intensidad marca de la casa.
Esperando una señal
The Wow Signal se basa en el concepto de la célebre señal recogido por el radiotelescopia de la universidad de Ohio en 1977, que procedía supuestamente de la constelación de Sagitario. Una posible señal extraterrestre que sirve como base para que Matt Bellamy de rienda suelta a su lado más conspiranoico, liberándose de paso (y menos mal) de los encorsetados prejuicios en los que muchas veces lo colocamos los fans. Bellamy está más inspirado cuanto menos piense en lo que la gente busca o quiere oír en Muse. Y sí, igual también tiene que ver con su reciente ruptura sentimental… como si de Taylor Swift se tratase, el dolor es un acicate espléndido. Pobre Matt, pero bendita su capacidad para convertir ese dolor, decepción o lo que sea en música.
Cryogen ya había aparecido como single, saliéndose un poco de la línea de los anteriores y señalando el camino hacia los dos últimos discos del grupo. Es un tema con un estribillo divertido y que entra a la primera, y un riff que nos recuerda de forma inexcusable a Plug in Baby. Sin ser la octava maravilla del mundo, encaja mágicamente bien como parte de este nuevo trabajo. Me gusta esa parte final añadida, como hacen en los conciertos, con el overdrive al 1000 y la guitarra en primer plano (como debería ser casi siempre en Muse).
Pasamos a Be With You, con ese órgano tan característico que también nos retrotrae a Megalomanía y a la era del OoS. Yo estoy enamorado de esta canción desde que apareció, así que poco más puedo comentar. Me parece una maravilla a nivel técnico y armónico, con una forma brillante de jugar con la dinámica en las diferentes partes de la canción. Un clásico desde ya.
Hexagons, por contra, me deja un poco más frío. Y no es que no disfrute de ese inicio tan loco y ese estribillo hiperdramático con Bellamy casi de villano de opereta. Tiene cosas interesantes, pero al menos a mí se me queda a medio gas en comparación con los temas anteriores.
Hay un universo de pequeñas cosas gigantes
Permítanme el guiño a Sanz en el título de la sección, porque creo que explica muy bien a Muse. Es una banda de extremos, de canciones gigantescas y ominosas, pero también de pequeños detalles, de joyas escondidas y minúsculas que una vez las has visto, ya no puedes dejar de mirarlas. Los de Devon han logrado crear un universo propio que no se parece a nada de lo que haga cualquier banda mainstream a día de hoy. Y eso es algo que siempre hay que valorar.
The Sickness In You & I nos presenta una intro extremadamente sexy, con unas guitarras que cualquier banda de metal moderno querría para sí. El trabajo de producción está lleno de detalles, imposible detectarlos todos a primera escucha. Sobre todo porque el cuerpo se te va solo con ese ritmito imparable. Un divertimento en el otro extremo de la pretensión, un ejercicio de Bellamy probando todos sus nuevos pedales, sí, pero uno tremendamente interesante.
Y llegamos a Unravelling, el primer single que apareció de este disco, hace ya más de un año, y que dentro del álbum toma aún más sentido por su sonido arrollador e hiperproducido. El estribillo, hecho para el directo, se expande gracias a los arreglos electrónicos y de cuerdas. Un tema cien por cien Muse, con un Bellamy muy reconocible en las voces.
Hush nos trae una llamativa colaboración, la de la cantante inglesa Elie Goulding, en un tema que se siente especial desde el principio, con esa estrofa de tiempos truncados. Esto es puro pop comercial actual, pero hecho por Muse toma una nueva expresión, con cambios de tempo y armonía cada pocos segundos. El exuberante riff se desata en la segunda parte, antes de que la voz de Goulding se haga con la canción.
Conclusiones de la reseña de The Wow Signal
El disco termina con Space Debris, algo así como «escombros espaciales». Un mágico epílogo a este viaje sideral y sonoro que nos ha llevado a los confines del universo de Muse para luego traernos de vuelta a esta Tierra que, por desgracia, no está falta de sus propias miserias. Ese aire decadente pero también esperanzador de la voz de Bellamy se adapta a la perfección a esta última canción, que huye por completo de lo pomposo y lo espectacular para recogerse en su propia reflexión. Con esas cuerdas sonando de fondo, uno casi puede ver a Bellamy flotando en el espacio, observando nuestro planeta.
Y así llegamos al final de The Wow Signal, un disco que funciona mucho mejor que sus últimos antecesores, y que creo que trae de vuelta muchas cosas interesantes en la música de Muse. Un nuevo trabajo que va a dejar algunas canciones casi intocables en sus nuevos repertorios, y que me ha parecido muy disfrutable. Sobre todo si entendemos que los 2000 no van a volver jamás, y que cualquier tiempo pasado puede que sea mejor, pero también es imposible de disfrutarse, al menos tanto como el presente. Regocijémonos, pues, en vivir en la misma era temporal y en el mismo plano multiversal que estos Muse.
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