Hoy os traigo la reseña de SEVEN YEARS OF BAD LUCK de BELVEDERE, pero antes, os pongo en contexto sobre la banda.
Caracterizados por su velocidad y obsesión tecnica
Belvedere nacen en Calgary a mediados de los 90, cuando el skate punk todavía olía a gasolina, rodilleras y cintas VHS gastadas. Desde el principio dejaron claro que venían con buenas canciones y el afán de acelerarlas hasta el límite. Técnica, velocidad y melodía como tríada sagrada.
Tras sus primeros lanzamientos a finales de los 90, Belvedere entran en una etapa irregular que los saca del foco, pero no del circuito. Ahí nace su mito, el de una banda que vuelve siempre afilada.
El regreso se activa en 2012, con Steven Rawles como núcleo constante. No es una reunión nostálgica, sino una reconfiguración del proyecto y su identidad en directo.
Ese impulso se consolida en 2016 con “The Revenge of the Fifth”, su vuelta al estudio, confirmando que el grupo sigue vivo por necesidad creativa. Desde entonces funcionan en modo intermitente pero coherente: aparecen, golpean y desaparecen sin perder su ADN.
En su etapa más reciente, la formación se estabiliza con Steven Rawles (voz y guitarra), Casey Lewis (batería), Ryan Mumby (bajo) y Dan Wollach (guitarra), manteniendo un equilibrio entre veteranía y precisión que sostiene la maquinaria en plena velocidad.
Trayectoria entre silencios y entrega
Su historia discográfica no es la de una banda constante, sino la de una banda que aparece, revienta todo y desaparece para volver más hambrienta cada vez..
Una banda con manos rápidas y corazón flamígero
Lo de Belvedere en directo es casi una anomalía, todo va tan rápido que parece que el sistema va a colapsar, pero nunca lo hace. No hay artificio, no hay decoración. Solo ejecución quirúrgica con espíritu de garaje.
Son de esas bandas que no necesitan discursos largos, les basta un riff bien colocado para decirlo todo.
Repaso corte a corte de “SEVEN YEARS OF BAD LUCK”
El nuevo disco de Belvedere llega con 11 cortes y la sensación de que nadie les ha pedido bajar el ritmo… y ellos tampoco lo han considerado. “Seven Years of Bad Luck” es un disco de madurez, sí, pero entendido a la manera punk, más precisión, pero no más calma.
1. Seven Years
Arranque con mala leche y velocidad sin contención ninguna. Seven Years no presenta el disco, lo lanza y proyecta contra la pared. Una delicia, llevo una semana quemando el tema.
2. Great Expectations
Riffs, cortes y un groove exquisito. Una batería y bajo que crujen como el mejor helado en esta ola de calor que sufrimos en Madrid. Las guitarras y melodías suenan a cura para la frustración. Solos que te hacen sentir acompañado, la fiesta esta organizada.
3. In Solidarity
Himno directo. Sin metáforas innecesarias, comunidad, rabia y velocidad. Otra píldora emocional, contra la apatía social.
4. Liability
Aquí el disco se ensucia un poco más. Lo envuelve un halo de rabiosa serenidad, y un estribillo que te atrapa y empuja a seguir hacia el siguiente tema.
5. Instinct
Belvedere en modo clásico, batería imposible, guitarras cruzadas, kamikazes sónicos sin freno.
6. I Hope This Email Finds You Dead
Título venenoso, ejecución agresiva. Ironía y velocidad. coros rollo Raised First.
7. Dormitory
El respiro del disco… si se puede llamar respiro. Hasta que estalla y todo se pone tenso.
8. A Striking Resemblance
El momento “quirúrgico”. Técnica al frente sin perder calle.
9. Crimson
Tema que encaja como pieza clave del estado de ánimo del álbum, oscuro, directo, y bien crudo.
10. The Armageddon Stomp
El punto de ruptura. Todo sube, todo aprieta, todo empuja. Uno de mis favoritos. Solos y velocidad que nada tiene que envidiar a grupos de heavy como Iron Maiden o Dragonfly.
11. Economy of Scales
Cierre sin miramientos. No hay epílogo bonito: hay inercia, más velocidad, no hay límites es sonido se extiende a lo largo de todo el espacio vacío.
Conclusiones sobre SEVEN YEARS OF BAD LUCK
Lo de Belvedere más que parones, son respiraciones largas, recalibraciones. Intervalos donde la banda se afila. Si hay que explicarlo en clave generacional, esto no es inactividad… es modo cámara de gravedad.
Entre disco y disco, Belvedere no descansan, entrenan como si fueran super saiyans de Dragon Ball. Cada regreso suena exactamente a eso, más velocidad, más control, más Belvedere.
Belvedere no vuelven porque nunca se fueron del todo. “Seven Years of Bad Luck” es exactamente lo que se espera de ellos… pero llevado un paso más allá: más precisión, más rabia contenida, menos grasa.
Lo tensan todo hasta que casi duele.
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