En el siguiente artículo homenajearé una banda que me marcó especialmente hace unos años: Smoking Souls. Aunque ha sido una agrupación que ha reivindicado el valenciano como expresión lingüística; con su respeto desarrollaré el artículo en castellano para aproximar la banda a nuestro público nacional.
Crónica de una muerte anunciada en la escena valenciana
Hay escenas musicales que se construyen sobre los comienzos; la valenciana, en demasiadas ocasiones, también sobre las despedidas. Muchos grupos apuestan por un estilo innovador, rompen la escena, triunfan y, cuando parecen haber alcanzado su plenitud, se bajan del carro. Es una fórmula repetida con infinidad de bandas, desde los catalizadores de toda una generación, Obrint Pas, hasta los eternos La Gossa Sorda. Aunque muchos reaparecen puntualmente para que la llama de la nostalgia no se sofoque, el cierre de proyectos parece haberse convertido en una constante. No hace falta mencionar a Zoo, todo un referente nacional cuyas canciones ya son himnos en cualquier fiesta. O La Fúmiga, herederos de esa explosión verbenera.
Entre todos ellos ocupa un lugar especial Smoking Souls. Emergió en una escena todavía dominada por el mestizaje ska-rock, una fórmula que había marcado el pulso de la música en valenciano durante años. Frente a ese contexto, la banda supo abrir un matiz más emocional y contenido sin renunciar a la intensidad. Mientras otras propuestas canalizaban el descontento con letras contundentes y estribillos contagiosos, Smoking Souls encontró una forma distinta de habitar esa energía. Brincar de alegría al ritmo de la soflama más incendiaria fue durante mucho tiempo una de las señas de identidad del género; ellos no rompieron con esa tradición, pero sí trazaron un camino propio.
Orígenes y definición de un estilo
La banda nació a comienzos de la década de 2010 en Pego (Alicante), formada por Carles Caselles (voz y guitarra), Pau Camps (guitarra), Marc Miralles (bajo) y Josep Bolu (batería). Los cuatro decidieron construir un proyecto en valenciano que encontraría su identidad en un rock alternativo introspectivo. La emoción, la sensibilidad melódica y una mirada más íntima serían los pilares de una banda que acabaría convirtiéndose en una de las referencias del género.
Tras un primer EP inicial, su carta de presentación fue L’espenta (2013), un primer disco empapado de post-hardcore y punk melódico que ya insinuaba una notable sensibilidad compositiva. Dos años después llegaría Nòmades (2015). La incorporación al sello Propaganda pel Fet! profesionalizó el proyecto, amplió su alcance mediático y permitió que la banda trascendiera el ámbito estrictamente valenciano. A la profundidad del sonido se sumaba un equilibrio cada vez más conseguido entre contundencia y emotividad.
Definición de la personalidad
Con Cendra i or (2017) llegó la consolidación definitiva. Este trabajo posicionó a Smoking Souls como uno de los grandes referentes del rock alternativo en valenciano. Su presencia fuera de la Comunitat Valenciana era cada vez más habitual y su nombre comenzó a resonar con fuerza en festivales y salas de todo el país. Su asentamiento no fue accidental: la convivencia entre la contundencia instrumental y la carga emocional terminó definiendo la personalidad de una banda que llevó esa dualidad también a sus letras, hablando con la misma naturalidad del amor, la pérdida, la lucha o la esperanza.
Le siguió Paratges preferits (2018), un EP acústico de revisiones en directo de su propio repertorio que confirmó la fortaleza de unas composiciones capaces de sostenerse incluso despojadas de la electricidad. Poco después, Translúcid (2019) amplió su apuesta creativa. Lejos de perseguir una ruptura con su pasado, la banda culminó su evolución ampliando la paleta sonora con producciones más abiertas, atmósferas más envolventes y una narrativa todavía más introspectiva. Finalmente, La cura (2022) terminó de perfilar esa madurez artística sustituyendo la urgencia de los primeros trabajos por una serenidad mucho más reflexiva. Pero cuando ya habían construido una identidad inconfundible, conquistado a su público y firmado una trayectoria imbatible, decidieron poner punto final al proyecto.

Relevo espiritual y digno sucesor
La despedida de Smoking Souls no implicó la jubilación de sus integrantes. De la experiencia acumulada durante más de una década surgieron nuevos caminos con los que explorar otros horizontes artísticos. En el caso de Carles Caselles, compositor y principal voz del grupo, esa inquietud cristalizó en Romàntic Dimoni.
El propio nombre ya es una declaración de intenciones. Sin la necesidad de abrazar la nostalgia de Smoking Souls, pero con la madurez que le proporcionó su evolución, el proyecto explora nuevas texturas. La introspección continúa siendo el punto de partida, aunque las estructuras se vuelven menos previsibles y la vulnerabilidad, el amor y la ternura adquieren un protagonismo todavía mayor. No faltan nuevas cadencias y ritmos más experimentales sin abandonar la crítica social desde una aproximación más poética. Su primer trabajo titulado Primer Moviment recopila 12 canciones donde Carles transforma la vulnerabilidad en fuerza y convierte la ternura en una nueva forma de rebeldía.
Romàntic Dimoni nace de una enseñanza fundamental: cada momento vital necesita su propio espacio. Caselles podría haber derivado Smoking Souls hacia un terreno más personal, pero entendió que el mayor gesto de respeto hacia aquella banda era permitirle terminar cuando aún tenía algo que decir. Romàntic Dimoni abandona cualquier expectativa de continuidad para construir un lenguaje propio. Smoking Souls permanece inexorable en la memoria, pero no como una sombra de la que escapar, sino como el punto de partida desde el que seguir creciendo.
Con el tiempo uno entiende que ciertas canciones no se separan del lugar del que nacen. Hay una forma de mirar, de nombrar y de sentir que permanece incluso cuando cambian las necesidades. En el tránsito que va de Smoking Souls a Romàntic Dimoni, esa raíz no desaparece: se transforma, se vuelve más íntima, pero sigue anclada a una misma sensibilidad que remite inevitablemente al territorio.
Quizá por eso resulta imposible terminar estas líneas sin dirigir la mirada a uno de esos territorios cuyos pueblos han experimentado en infinidad de ocasiones la magia de ambas bandas: la Serra d’Espadà. No es únicamente un enclave natural privilegiado; es también un lugar de memoria para quienes hemos aprendido a caminar entre sus senderos. He recorrido muchas veces esos caminos, escuchando el trino de los gorriones entre pinos y algarrobos, encontrando en ellos una calma que cuesta explicar con palabras. La belleza es inarticulable. Hoy buena parte de ese paisaje ha quedado reducido a cenizas por un incendio destructivo e imbatible. Ojalá el tiempo permita devolverle parte de la vida que ha perdido. Porque, igual que ocurre con la música, hay lugares que nunca desaparecen del todo mientras alguien siga recordándolos.
Estem de dol, però mai orfes d´esperança.
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