El rock ’n’ roll siempre se ha nutrido del espectáculo, de la creación de personajes, de los fogonazos y el desenfreno. Desde la guitarra en llamas de Hendrix, a aquellas gigantescas aventuras épicas llenas de magia de Led Zeppelin. Existe en la sangre del rock el provocar por el mero hecho de provocar. Parafraseando a Roger Daltrey cuando la batería de Keith Moon explotaba dejando medio sordo a Pete Townshend, ‘nos parece maravilloso’ y otro claro ejemplo seria Meat Loaf. Precisamente hoy os traigo la reseña de Bat Out Of Hell.
Pero fue en 1977 cuando Marvin Lee Aday, apodado Meat Loaf por su entrenador de fútbol, redefinió el género con su portentosa y colosal voz en Bat Out of Hell. Compuesto por Jim Steinman y producido por Todd Rundgren, el álbum no consiguió un éxito inmediato, si bien ahora es un imprescindible del rock.
Así es Bat Out of Hell de Meat Loaf
La base de Bat Out of Hell parte de una adaptación del musical Neverland escrito por el propio Steinman, en alusión al cuento de Peter Pan. Sin embargo, el álbum nos lanza de lleno en la impulsividad adolescente, el sexo y el deseo en su fase más caótica e incontenible. No es ya Peter Pan quien clama al cielo por su libertad, sino un muchacho anónimo heredero del ‘Red & White’ y del ‘81’, capitán de un holandés errante de dos llantas habitando el exilio como forma de vida.
La historia comienza con un chico conduciendo de forma temeraria. El alocado riff del piano nos sitúa frente a una carretera, las llantas echando humo mientras dejamos atrás las luces del valle. El chico recuerda lo único que fue ‘puro, bueno y justo’, pero el tiempo no espera a nadie, y se empeña en enfrentar nuestro afán por lo nuevo con lo conocido y familiar. Cuando llega el sol abrasador de la mañana, el muchacho yace medio muerto en una curva, esperando el clamor de las campanas, que solo llegan a sus oídos como un triste eco de su imaginación.
‘Mejor reinar en el infierno que servir en el cielo’.
Paradise Lost – John Milton
Quizás ya muerto, y reflexionando sobre su vida en un solitario infierno, el chico hace frente a una tortura terrible; sus propios recuerdos. Así canta Meat Loaf en ‘Heaven Can Wait’, sabiendo que el cielo puede esperar, ‘teniendo tiempo hasta el fin del tiempo’. En este limbo personal, sin saber dónde ir, aparecen reminiscencias de aquella a quién en su día amó, evocando sus dolorosas palabras con ‘Two Out of Three Ain’t Bad’. Debe aceptar lo que es suficiente, dejar de buscar un ‘rubí en una montaña de rocas’ y olvidar los ideales.
Influencias operísticas
Tras una ajetreada noche de altibajos en ‘Paradise By the Dashboard Light’, el álbum cierra con ‘For Crying Out Loud’, toda una recapitulación mezclada entre recitativos y reprises que fusionan la ópera con el musical. Con los versos ‘And now the chilly California wind / is blowing down our bodies again’, encontramos una variación melódica del principal leitmotiv del álbum.
En 1993 Steinman produjo la secuela Bat Out of Hell II: Back Into Hell, que incluía el ya famosísimo tema ‘I’d Do Anything for Love (but I Won’t Do That)’. La influencia de Richard Wagner se deja oír en las producciones de Steinman, ya que esta última canción toma la forma acumulativa de los diversos temas musicales tan propios de Wagner hasta hacerlos explotar en un sinfín de emoción y puro éxtasis.
Así, el estribillo que se oye antes de llegar al quinto minuto, se corta casi de inmediato dejando al oyente sediento de más, para volver e inundarle de pasión con el tema ya completamente desarrollado dos minutos después.
A pesar del lento éxito de Bat Out of Hell, su gradual incorporación en el canon del rock se debe a este cóctel explosivo entre géneros, bebiendo de distintas fuentes para formar un estilo inimitable que solo el gran Meat Loaf pudo personificar.
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