Crónica de Cavernal Fest en su primera edición

Hay festivales que se entienden por sus grandes escenarios, sus cifras de asistencia o sus carteles interminables. Este festival juega otra partida, y eso es lo que espero que descubráis con mi crónica de Cavernal Fest.

La primera edición del Cavernal Fest, organizada por Cavernal Producciones llegaba a la sala Godfather de Madrid con dos jornadas, seis bandas y un aforo reducido. Mantenía así esa cercanía entre músicos y público que sigue siendo una de las señas de identidad de la escena underground.

Y detrás de algo así hay bastante más trabajo del que se ve desde delante del escenario. Merece la pena reconocer el esfuerzo de Cavernal Producciones por acercar a Madrid bandas internacionales que habitualmente se mueven dentro del circuito europeo de stoner, doom y heavy psych. Y hacerlo además en un formato íntimo en el que apenas unos metros separan al público de los músicos.

No hablamos únicamente de nombres desconocidos buscando sus primeras fechas fuera de casa. Maha Sohona, por ejemplo, pasaron en 2025 por Desertfest London. Mientras, Stonus llevan años recorriendo salas y festivales europeos, compartiendo escenarios con grupos como 1000mods, Truckfighters o Mars Red Sky.

Ese contraste entre trayectoria internacional y concierto de pequeño formato era precisamente uno de los grandes atractivos de Cavernal Fest. Poder encontrarte prácticamente encima del escenario con bandas que forman parte de festivales mucho mayores.

Y la primera jornada dejó claro que stoner, doom y psicodelia siguen siendo etiquetas demasiado amplias para explicar por sí solas lo que ocurre encima de un escenario.

Inicio de la crónica de Cavernal Fest de la mano de Phoenix Cvlt: la primera misa del festi

Phoenix Cvlt son un trío asturiano con Aitor, Pablo y Dani a la guitarra y voz. Stoner, doom, psicodelia y prog. Su primera referencia, La Profecía (2024), ya dejaba claro el rollo que llevan: imaginería religiosa, muerte y renacimiento, canciones con aire de ceremonia… Y con esa estética sacerdotal, una “Biblia” sobre el escenario y un muro de fuzz, se plantaron a abrir el Cavernal Fest I.

Y no, no fue un calentamiento. Salieron a morder. Sonido grave, denso, arrastrado, pero sin quedarse encallados en el doom. Había psicodelia a mansalva detrás de los riffs. Los pasajes se abrían y se volvían a cerrar y los temas iban enganchados unos a otros, como si les diera igual que te perdieras por el camino. Aquello no era un recital de singles. Era un viaje.

Phoenix Cvlt en Cavernal Fest Vol. I, Crónica de Cavernal Fest
Foto: Ricardo Abengoza

Entre tema y tema, se abría la Biblia y a leer salmos. Nada de charlitas ni pausas largas: lectura y fuzz otra vez a la yugular. Ese punto entre misa negra y bolo de sótano era lo que te agarraba por el cuello.

Y en mitad de tanto barrizal sónico aparece la flauta travesera de Aitor. Sobre el papel, un injerto raro para una banda de stoner doom. Podía haber sido el primo que nadie invitó. Pero no. Encajó con ese lado psicodélico y progresivo. Un acierto.

Fue una apertura oscura, rara, hipnótica. Phoenix Cvlt salieron con salmos, flauta y los amplis bien calientes. La primera banda del Cavernal dejó el ambiente cargado y el listón alto. Así se abre un festival: sin pedir permiso y con mala hostia.

Maha Sohona: dejar respirar el fuzz

Desde Umeå venían Maha Sohona, seguramente uno de los nombres más golosos de esta primera edición. El trío sueco lo forman Johan Bernhardtson, Thomas Hedlund y Erik Andersson, y se mueven entre el heavy psych, el space rock y el stoner. Y ojo, que venían con el aval de haber pasado por el Desertfest London en 2025. No es moco de pavo.

Después de la oscuridad de Phoenix Cvlt, su concierto llevó la noche a otro sitio. Bastante distinto, además.

Lo primero que te saltaba a la cara era el sonido: Limpio, muy definido, con esa distorsión cálida tan del stoner psicodélico. Presente, sí, pero sin comerse al resto. El fuzz estaba ahí, claro, pero más como textura que como muro. Dejaba aire de sobra para el bajo, la batería y una voz limpia que acababa de empujar todo hacia terrenos más psych. Elegancia pura.

Se movieron en ritmos lentos, pero sin caer en el doom. Lo suyo era dejar crecer los temas, repetir un riff hasta volverlo casi hipnótico y jugar con las dinámicas para ir construyendo el ambiente poco a poco.

Maha Sohona en directo en Cavernal Fest. Crónica de Cavernal Fest

Foto: Ricardo Abengoza

Por momentos era inevitable pensar en Colour Haze o My Sleeping Karma. Sobre todo por esa manera de trabajar la psicodelia sin necesidad de recargar el sonido.

Entre los momentos más reconocibles cayó “Asteroids”, que encajaba perfecta en un concierto hecho más para dejarse llevar que para buscar el golpe fácil.

Y consiguieron algo que parece sencillo hasta que ves a un montón de bandas intentarlo y no les sale: sonar enormes sin necesidad de saturarlo todo.

Stonus: un poco más de caña en la crónica del Cavernal Fest

El cierre de la primera jornada era cosa de Stonus. La banda nació en Chipre y se ha curtido bien en el circuito europeo. La formación: Kyriacos Frangoulis a la voz, Pavlos Demetriou a la guitarra principal, Nicky Ray a la rítmica, Andreas Aristides al bajo y Kotsios Demetriades a la batería.

Desde 2015 le han dado vueltas a un sonido que ellos mismos colocan dentro del Mediterranean fuzzed-up heavy rock, mezclando stoner, heavy rock, psicodelia y doom. Y no van de farol: han compartido escenario con 1000mods, Truckfighters, Planet of Zeus o Mars Red Sky.

Con Stonus la noche cambió de tercio. Fueron más directos, más groove, más peso en los riffs. Se acercaban al heavy y al doom sin salirse de esa base stoner que recorre todo su repertorio.

Desde el escenario animaron varias veces a la peña a acercarse, y la gente respondió. El concierto fue ganando movimiento poco a poco, más headbanging y bastante más rollo entre banda y sala.

Stonus en Cavernal Fest Madrid

Foto: Ricardo Abengoza

Sin épica innecesaria: surgió, funcionó y le dio al asunto el empujón que pedía. Stonus tienen canciones que entran solas, con riffs directos y mucho groove, y en ese momento conectaron con la gente que tenían delante.

Venían presentando Space to Dive, su disco de 2026, y dejaron la sensación de ser una banda muy cómoda en distancias cortas. Cercanos, con buen rollo desde el escenario y sabiendo apretar cuando tocaba.

Stonus cerraron la primera jornada con algo más de caña, más movimiento y un pogo que, sencillamente, moló.

Crónica de Cavernal Fest, segunda jornada: del humo al pantano

Si la primera jornada del Cavernal Fest había dejado bastante claro hasta dónde puede estirarse el stoner cuando entran en juego la psicodelia, el fuzz o el groove, la segunda noche se metió en terrenos bastante más oscuros. Music in Low Frequencies, Santa Planta y Cadáver de Cabra llevaron la Godfather desde el doom atmosférico hasta el sludge más embarrado, pasando por uno de los conciertos más particulares de todo el festival.

Santa Planta: doom para viajar

Santa Planta llevan desde 2018 dando forma a su mezcla de stoner, doom y psicodelia desde Madrid. El trío lo forman Daniel Roldán-Cuartero a la guitarra, teclados y voz; Guillermo Marcos Feijóo al bajo; y Lorena Zamora Blanco a la batería y voces. Después del EP homónimo de 2021, en 2024 llegó From the Trails of Desire, su primer largo, donde abrieron el sonido hacia lo psicodélico sin soltar el peso de los riffs. Por el camino han compartido escenario con Mars Red Sky y han llevado su música fuera de España, incluido el Desertfest de Amberes.

En su paso por el Cavernal Fest tiraron de ese cóctel. Ritmos lentos, guitarras pesadas, voz y mucha atmósfera, pero sin convertir el bolo en un desfile de riffs arrastrados. Había movimiento dentro de los temas y, sobre todo, un bajo muy presente que les daba bastante más energía de la que podría sugerir una banda de stoner doom sobre el papel.

Santa Planta en Cavernal Fest Vol. I Crónica de Cavernal Fest
Foto: Jose_gonzalez_photo

Y ahí estaba Guillermo. No es de los que se quedan clavados mirando el mástil, ni mucho menos. Toca con todo el cuerpo, mueve el instrumento sin parar, lo acompaña en cada golpe, lo levanta, lo baja o lo lleva casi hasta la vertical. Viéndolo era difícil no acordarse de Mika Häkki, de Monolord, por esa forma tan física de domar el bajo sobre las tablas.

Entre el repertorio conocido también cayeron temas nuevos, y no sonó a giro brusco ni a experimento raro. Seguían los tempos pausados, el peso de las frecuencias graves y ese rollo envolvente que ya flotaba desde el principio.

Santa Planta abrieron la segunda jornada bajando revoluciones, pero no intensidad. Dejaron montado el primer tramo de una noche que, ya lo veríamos después, se iba a meter cada vez más en terreno oscuro.

Music in Low Frequencies: oscuridad en otras frecuencias

Vamos llegando al final de la crónica del Cavernal Fest Vol I con esta banda. Desde Braga llegaban Music in Low Frequencies. Trío formado en 2012 por Mariana Faísca a la voz y teclados, Sérgio Ferreira a la guitarra y Diogo Machado do Vale a la batería. Sí, has leído bien: aquí no hay bajista. Y ojo, que no se echa de menos. O no de la forma en que podrías pensar. Porque en cuanto entran en juego los sintetizadores, la cosa cambia y no se le echa de menos. Tras Sowing the Seed (2014), volvieron en 2023 con Catharsis, un disco bastante más oscuro que se mueve entre el doom, el sludge, el post-metal y terrenos claramente blackened.

Humo, sintetizadores y oscuridad

En directo sonaron oscuros, densos y raros, pero en el buen sentido. La puesta en escena estaba dominada por el humo y por un Korg que por momentos parecía tragarse la sala entera. La ausencia de bajo apenas se notaba: los teclados ocupaban buena parte de esas frecuencias graves, mientras guitarra y batería metían una energía bastante mayor de la que cabría esperar en una propuesta tan atmosférica..

Y en medio de todo aquello, Mariana Faísca. Alternando los teclados con una voz que lo mismo te susurraba que se iba a registros guturales y gritos bastante extremos. Esa mezcla, junto a unas estructuras poco convencionales, llevaba el concierto por momentos a terreno de blackened doom e incluso a cierto aire avant-garde. Bastante lejos del stoner más reconocible que había mandado hasta entonces en el festival

Music in Low Frequencies
Foto: Jose_gonzalez_photo

Pero si algo terminó definiendo su actuación fue precisamente la atmósfera: el humo, la poca luz, los sintetizadores y una sensación permanente de oscuridad que acompañaba incluso a los momentos de mayor energía.

Entre los temas apareció “This Corpse”, single y cierre de Catharsis, más de diez minutos que condensan bastante bien lo que propone la banda: tensión, peso, sintetizadores, cambios de intensidad y una voz que termina de arrastrarlo todo hacia un lugar bastante incómodo.

Y precisamente por eso funcionaron tan bien dentro del Cavernal Fest. Music in Low Frequencies no sonaron como ninguna otra banda de las que habían pasado hasta entonces por la Godfather.

Cadáver de Cabra: doom del pantano

Con Cadáver de Cabra la noche terminó de hundirse en el barro y la crónica del Cavernal Fest llega a su fin. El cuarteto madrileño lo forman Aston Wirz a la voz y guitarra, Daniel Roldán a la guitarra solista, Katherine Delgado al bajo y Juan Carlos González a la batería. Y llegaban con su primer disco recién publicado, un debut de seis temas metido de lleno entre el doom y el sludge.

Lo suyo fue puro doom del pantano. Riffs muy graves, tempos lentos y un sonido espeso que avanzaba casi a golpes, sin demasiadas concesiones. Aquí no venían a hacer amigos, venían a aplastar. Y vaya si aplastaron.

La voz fue una de las cosas que más llamó la atención. Por momentos me recordó a Dopethrone, sobre todo cuando abandonaba los registros más limpios y aparecían los chillidos y esos berridos completamente desatados. La comparación estaba ahí, aunque Cadáver de Cabra se movían en un terreno bastante más doom.

- Cadáver de Cabra en Cavernal Fest
Foto: Jose_gonzalez_photo

Después de la propuesta más oscura y experimental de Music in Low Frequencies, Cadáver de Cabra cerraron el círculo desde otro sitio: menos atmósfera, más peso, más mugre y unos graves que parecían salir directamente del suelo de la Godfather.r.

Una forma bastante apropiada de terminar una segunda jornada que había ido haciéndose más oscura banda tras banda.


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