Reseña de Neverending de Monolord

Neverending de Monolord

Cinco años. Ese es el tiempo que Monolord ha necesitado para publicar un nuevo álbum. Tras Your Time to Shine y el EP It’s All the Same, los suecos regresan con Neverending. Un trabajo que conserva el sonido denso y reconocible que los ha convertido en una referencia del doom contemporáneo, pero en el que exploran atmósferas diferentes sin renunciar a su esencia.

Monolord posee una capacidad casi hipnótica para convertir la pesadez en belleza. En Neverending demuestran que pueden evolucionar sin apartarse de sus raíces. Los riffs lentos y repetitivos continúan siendo el eje del álbum, pero ahora conviven con composiciones más concisas, melódicas y abiertas.

Una producción que deja respirar las canciones

Para dar forma a esa evolución, la banda ha contado con la productora Sylvia Massy, conocida por sus trabajos con Tool, System of a Down, Johnny Cash o The Melvins.

Las guitarras siguen cubiertas de fuzz y conservan su rugido. Sin embargo, la producción concede más espacio a cada instrumento. Incluso la voz de Thomas Jäger aparece más clara y definida, integrada en la música sin quedar enterrada bajo el peso de los amplificadores.

Ese cambio no resta contundencia al sonido de Monolord. Al contrario, permite apreciar mejor los detalles, las melodías y los diferentes matices que aparecen a lo largo del disco.

De “Iodine” a “Oozing Wound”

Basta darle al play para que “Iodine” deje claras las intenciones de Monolord. La esencia de la banda sigue presente en la pesadez de unos riffs cercanos por momentos a Black Sabbath o Budgie. No obstante, las guitarras armonizadas introducen un inesperado aire setentero que recuerda incluso a Eagles.

Acto seguido aparece “You Bastard”. Con unos riffs agónicos y una letra que puede interpretarse como un diálogo roto entre dos personas separadas por un suicidio, quien se marcha intenta explicarse mientras quien permanece trata de entender sin ser capaz de perdonar, se convierte en uno de los momentos mas desgarradores del disco.

Con “Oozing Wound” se hace todavía más patente la mano de Sylvia Massy en la producción. Construida casi por completo alrededor de un mismo riff, la canción evita caer en la monotonía mediante un inteligente juego de capas instrumentales.

Hay pasajes en los que el bajo y la batería quedan prácticamente solos, sosteniendo todo el peso del tema. En otros, la guitarra solista abre territorios más melódicos y psicodélicos. Además, la producción permite que los armónicos se expandan sin convertirlo todo en una masa saturada, algo poco habitual en un género acostumbrado a levantar auténticos muros de sonido.

La repetición sigue siendo el motor de Monolord. Sin embargo, aquí ya no funciona como un muro inmóvil, sino como una estructura que cambia de forma a medida que avanza la canción.

“It’s Neverending”, un cierre que abre caminos

El disco todavía guarda su mayor sorpresa para el final. “It’s Neverending” se adentra de lleno en el death-doom gracias a las voces guturales de Jörgen Sandström.

Frente a ellas, Thomas Jäger se encarga de los pasajes más ligeros y melódicos. El contraste entre ambos registros convierte la canción en el cierre más arriesgado del álbum. ¿Podría Monolord expolarlo en un futuro? Quién sabe!.

Más allá del muro de sonido

Con Neverending, Monolord no abandona el doom que los ha convertido en una referencia, pero aprende a dejar respirar sus canciones. Hay más espacio, más melodía y una voluntad evidente de explorar nuevos territorios.

Neverending de Monolord no supone una ruptura, sino una evolución inteligente y uno de los trabajos más completos de su carrera, y por qué no, también es uno de los discos más redondos que ha dejado el género en lo que llevamos de 2026.

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