Crónica pre Onda Metal Fest

La música en directo volvió a encontrar su espacio en Onda el pasado viernes 9 de octubre con la celebración del pre Onda Metal Fest, una primera toma de contacto con el metal que sirvió de antesala a la próxima cita del Onda Metal Fest, prevista para el día 23. Una iniciativa que vuelve a poner de manifiesto la importancia de generar espacios para el rock y el metal dentro de la programación cultural de nuestras localidades, acercando el género a la vecindad y favoreciendo el encuentro entre aficionados. Aquí os traemos la crónica del pre Onda Metal Fest.

Cabe agradecer la expedita organización y toda la red de colaboración plenamente volcada en el buen desarrollo del evento. Una labor que se percibía en los distintos aspectos de la jornada, desde la disposición de un recinto apropiado para el calibre de la cita, con un escenario suficiente para el despliegue de las formaciones, hasta una barra con precios competitivos y una paraeta de merchandising donde prolongar la experiencia más allá de lo estrictamente musical. Detalles que, sin necesidad de grandes socaliñas, contribuyen a generar un ambiente cercano y a demostrar que el trabajo bien coordinado resulta fundamental para que una iniciativa de estas características pueda desarrollarse con garantías.

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Foto de Silvia Tejero

Pasadas las 18:30, la asistencia comenzaba a arremolinarse mientras las pruebas de sonido anticipaban ya el calibre de lo que estaba por llegar. Las guitarras y los vocales dejaban entrever la solvencia de una primera formación que se encargaría de poner en marcha la maquinaria a base de clásicos imperecederos: Vanguard Cover Band.

Una constelación de clásicos para abrir la descarga

La jornada arrancó con una constelación de joyas que forman parte del patrimonio musical del hard rock y el heavy metal, canciones capaces de conectar tanto con la audiencia más veterana como con las nuevas generaciones que siguen encontrando en estos himnos una fuente inagotable de inspiración. El virtuosismo hizo acto de presencia desde el flamígero pistoletazo de salida con «You’ve Got Another Thing Coming», de Judas Priest. La robusta diligencia instrumental y la precisa digitación de las seis cuerdas desvelaron no solo la maestría del recital que íbamos a disfrutar, sino también el buen sonido que la organización había dispuesto para garantizar una experiencia profesional.

La sucesión de clásicos prosiguió con «Crazy Train», de Ozzy Osbourne, cuyo riff, eternizado ya como eco musical indeleble, volvió a demostrar su capacidad para levantar cualquier recinto. La descarga oscilaba entre las distintas vertientes del hard rock y el heavy metal, manteniendo el pulso de una audiencia que encontraba en cada tema un nuevo motivo para dejarse llevar. Los reyes de la medianoche se invocaron mediante los embrujos musicales del conjunto haciendo «2 Minutes to Midnight», de Iron Maiden, un coro unánime, convirtiendo la interpretación en un ejercicio de comunión entre escenario y asistentes.

En esta sucesión de joyas inmemoriales, con «Holy Diver», de Dio, o «Kickstart My Heart», de Mötley Crüe, se apreció la valiosa versatilidad de Vanguard. No se trataba únicamente de adaptar ritmos y reproducir con solvencia las estructuras instrumentales de cada composición, sino también de abordar un repertorio que exige recursos y registros vocales muy diferentes. En este apartado destacó especialmente la proyección del vocalista, capaz de imprimir carácter a las interpretaciones y de afrontar las exigencias de un repertorio que forma parte de la historia del género.

La retahíla final estuvo protagonizada por auténticos himnos como «Enter Sandman», de Metallica; «Symphony of Destruction», de Megadeth; y «Run to the Hills», de Iron Maiden. Una recta final que mantuvo la intensidad de la actuación y preparó el terreno para el cierre de este primer tercio de la jornada, con «Hell Patrol», de Judas Priest, y «Princess of the Dawn», de Accept, poniendo el broche a una descarga que reivindicó la vigencia de unos clásicos que continúan encontrando su lugar sobre los escenarios.

FrenetiKa: gamberrismo, actitud y decibelios

La siguiente descarga corrió a cargo de FrenetiKa, el trío más gamberro de la jornada, que acompañó la velada con una apuesta desvergonzada y granuja, de personalidad bien definida y sin demasiadas contemplaciones. Mai, a la guitarra y voz principal, Pirri al bajo y Tom a la batería conforman una formación incombustible, férrea en su definición sonora y prueba de que no hacen falta más componentes para hacer rugir un escenario. Su propuesta, marcada por la energía, el ímpetu y una identidad propia, encontró en el desparpajo su principal carta de presentación.

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Foto de Silvia Tejero

Al frente, Mai proyectó personalidad a un repertorio que combina actitud macarra, irreverencia y una aproximación desenfadada, con letras que juegan con la provocación y la ironía. Temas como «Tu novia es un ciborg» permiten adentrarse en ese imaginario tan particular, mientras que «Jaulas de papel» o «El sentido de la vida» amplían el recorrido de una banda que no parece dispuesta a encorsetarse en una única temática. La guitarra y la voz principal vertebraron una propuesta compacta, respaldada por una base rítmica contundente que sostuvo el conjunto sin fisuras.

Una descarga de espíritu inconformista que invitó al salto y al bailoteo desvergonzado, reivindicando la espontaneidad y la libertad expresiva como parte esencial de su identidad. FrenetiKa aportó así otro registro a la jornada, demostrando que la escena provincial también se construye desde el humor, la actitud y las ganas de hacer ruido sin pedir permiso.

Foto Silvia Tejero

Six Burning Knives: la combustión del metal villarrealense

Tras una parada para visitar la barra, la densidad noctámbula arreciaba antes de la aparición de Six Burning Knives, encargados de poner el broche a la jornada con su particular puesta en escena. La sombría apariencia del conjunto, con los rostros tiznados de negro y la máscara diabólica que oculta al batería, JaVI, anticipaba una descarga donde la estética y la música convergen en un universo de oscuridad y contundencia. Con un rictus de templanza y agradecimiento hacia la audiencia, el quinteto villarrealense descerrajó sus fogonazos de puro groove y metal extremo arrancando con «Looking for a Nemesis». Desde el primer instante se hizo patente la complicidad de una formación que sabe conjugar sus individualidades en una maquinaria férrea: la bravura de Igni y Paul a las guitarras, la cadencia corrosiva de Lex al bajo, el poderío vocal de Noel y la pegada de JaVI a la batería. Un engranaje perfectamente engrasado que desplegó su contundencia sin renunciar a los matices.

Foto de Silvia Tejero

Bajo la simbólica batuta del diablo, canciones como «The Void» o «Steinner» acuciaban a la audiencia a saltar y fundirse en esa hermandad metalera que encuentra en los pogos una de sus expresiones más reconocibles. Con absoluto talante y pasión, desgranaron su repertorio con temazos como «The Ascent» y «M.A.N.», haciendo palpable el estilismo polifacético de la banda y una evolución que se percibe en la articulación de sus composiciones. El conjunto circula por los terrenos del groove sin renunciar a los ramalazos de metal extremo, una dualidad perfectamente vertebrada por el marcado carácter vocal de Noel, capaz de ampliar el espectro hasta registros insospechados. Lo melódico, aunque más testimonial, reafirma la pluralidad de una voz que encuentra su principal fortaleza en el dominio gutural, hilvanando growls más narrativos con profundas acometidas vocales. Y, por si fuera poco, los presentes pudimos vivir en absoluta primicia dos nuevos temas de los que no desvelaré detalle alguno, pero que prometen dar mucho que hablar.

Foto de Silvia Tejero

Continuando con las novedades, la tríada final la protagonizó «Origami», uno de sus últimos temazos que, si ya redefine el concepto del propio arte en directo, adquiere dimensiones casi místicas. Como he repetido en otras crónicas y análisis de discos, la incorporación de elementos electrónicos expande el universo musical de aquellas bandas de metal que se alejan del purismo más conservador. Y este es otro ejemplo de cómo las pulsiones electrónicas, sutiles pero resolutivas, maridan con el metal y ensanchan sus posibilidades expresivas.

Foto de Silvia Tejero


Conclusión de la crónica del pre Onda Metal Fest


La jornada concluyó con «Blood and Sand» y «Love», afianzando la convicción de que nuestra provincia no está huérfana de bandas metaleras talentosas y de que la escena transita desde las ascuas del pasado hasta la combustión espontánea del flamígero presente. Esta transición necesita un comburente: festivales de esta naturaleza y asociaciones culturales que velen por su buen hacer. Desde Rock For Everyone, y personalmente desde mi humilde posición, seguiré brindando el apoyo necesario para que nunca se sofoque el fuego. Nos vemos el día 23 en el Onda Metal Fest.

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