Crónica del III Brutal Fest en la Vall d´Uixó

El Brutal Fest no nació de la noche a la mañana. La cita de La Vall d’Uixó ha ido forjando su identidad a través de tres ediciones en las que la Associació Músic Cultural Volumen Brutal ha demostrado una evolución difícil de desdeñar De aquella primera entrega celebrada en 2024 en la sala Cátedra, con Avlak, Preachers of Distortion y Sótano, se pasó un año después al Recinte Firal, donde Vhäldemar, Injector, Templario y Los del Taller dieron forma a una segunda edición que ya apuntaba hacia una dimensión mayor. El crecimiento no se limitó al cartel: el propio festival fue ganando espacio, infraestructura y ambición hasta desembocar en la magnitud de la tercera edición. Y así llegó la tercera edición, por lo que os traemos la crónica del III Brutal Fest.

Crónica del III Brutal Fest, foto del público
Foto de Lydia Sánchez

Y de todo ello pudimos hablar de primera mano con uno de los organizadores, quien nos relató la extraordinaria transformación experimentada por el evento. Desde los discretos orígenes, casi bajo el disimulo propio de una sala concebida para otros menesteres, hasta conquistar un espacio abierto de considerable amplitud, el Brutal Fest ha ido desprendiéndose de sus primeras capas para adquirir una identidad cada vez más definida. Pese a mantener intacta su gratuidad, esta tercera edición revestía una ostensible solvencia y una evidente vocación de festival consolidado, algo perceptible desde que uno ponía un pie en el recinto. Dejemos que el mismo organizador, Paco Corredera, nos lo cuente de primera mano:

La panorámica no dejaba demasiado margen para la improvisación. Una barra se encargaba de refrescar las gargantas desde la apretada solana vespertina hasta los compases finales del evento, mientras los puestos de merchandising permitían rebuscar entre las referencias de las bandas participantes y un nutrido surtido de elementos conmemorativos del evento donde las camisetas agotaron stock. A ello se sumaba la correspondiente zona de baños y todas aquellas piezas que, aun pudiendo parecer secundarias, terminan configurando la experiencia del asistente. El resultado era un conjunto que poco tenía que envidiar a festivales respaldados por cuantiosas inversiones, especialmente si tenemos en cuenta que detrás de toda aquella infraestructura se encontraba una asociación cultural nacida desde la pasión por el metal.

Crónica del III Brutal Fest, foto de Ángel de Tierra Santa
Foto de Silvia Tejero

El escenario se erigía sobre un estrado empedrado prefijado (lo que simplifica el montaje) y, con el todavía sofoco de septiembre, el staff no cejó en demostrar con denuedo un esfuerzo continuo por convertir la experiencia musical en un recuerdo que la comunidad metalera no olvidase. Y el esfuerzo no era menor ante unos artistas de primer nivel como los que componían el cartel, con un Tierra Santa que representaba el reclamo nacional de una banda con más galones que discos, que ya es mucho decir.

Blast Wave: juventud forjada a golpe de metal

Sin dilación, arrancó entre prueba de sonido y presión temporal Blast Wave. La joven formación sofocó con su llameante directo el bochorno de la plena tarde. Aun con una meteorología poco amigable, los primeros asistentes se acercaban con interés ante la rampante tormenta de riffs, solos y energía. Lejos de ejercer de mera música ambiental desde donde escuchar parapetados del calor, Blast Wave no dejó indiferente a un público que atestiguó la bravura de quien quiere comerse el panorama.

Foto de Lydia Sánchez

Keira, al frente de las voces, proyectó una actitud contagiosa. Su magistral voz, que entremezclaba agudos y una frescura prístina, se reforzó con un carisma infatigable. A su lado, Iván Estévez y Iker hicieron de las seis cuerdas una extensión de la contundencia de la formación, encadenando riffs pesados y pasajes melódicos con una nitidez soberbia. David Cuadrado, desde el bajo, aportó el músculo necesario para sostener una base que encontró en Jose Olaizola, tras la batería, su metrónomo más incansable. El cuarteto demostró así una formación compacta y solvente, capaz de conjugar la raíz del heavy clásico con sonoridades más actuales, una evolución que ya forma parte de la identidad de Blast Wave.

Temazos como Renacer, La Verdad, Mil Rostros o Sangre en mi Piel constituyeron un setlist que repasó parte de su discografía sirviendo de escaparate de las distintas dimensiones ofrecidas por la banda. Un inicio que puso de relieve la frescura de las nuevas generaciones y la capacidad de una formación todavía joven para plantarse sobre un escenario de estas características sin complejos.

Blastwave-057.jpg
Foto de Lydia Sánchez

Vendetta FM convierte el III Brutal Fest en un gimnasio de emociones

Vendetta FM, o Vendetta Fucking Metal para los amigos. Una banda tatuada hasta la médula con la expresión energizante del hardcore. Desde el primer tema dibujaron un horizonte caótico para los intensos minutos de su descarga. Nada de titubeos para despistados ni de suavidad para aquejados de hipertensión arterial: Jacob Cámara descerrajó, con cadencia vertiginosa y una potencia vocal descomunal, las estrofas de un auténtico entrenamiento funcional.

Foto de Vendetta FM en la crónica del III Brutal Fest
Foto de Lydia Sánchez

No había burpees, pero los mosh, giros y saltos definieron un puro entrenamiento funcional. Cada embestida sonora parecía reclamar un nuevo movimiento entre una audiencia que, lejos de permanecer impasible, se arremolinaba frente al escenario levantando auténticos ciclones humanos. La banda, curtida después de años de carretera y con una trayectoria que la ha llevado a compartir escenario con nombres de primer nivel internacional, demostró que su propuesta conserva intacta esa capacidad para convertir cada concierto en una descarga física.

Y precisamente ahí residió una de las virtudes de Vendetta FM: la interacción cercana y continua con una audiencia entregada demostró que ni la máxima expresión de agresividad está en conflicto con la candidez de un grupo que, desde el primer momento, nos brindó su simpatía y vocación férrea. Hardcore, groove, actitud y cercanía conjugados en una fórmula que convirtió el Recinte Firal en un improvisado gimnasio de emociones durante unos minutos en los que nadie parecía dispuesto a permanecer quieto.

Foto de Silvia Tejero

El aquelarre industrial de Killus

Con el ocaso despidiéndose, tocaba investir de solemnidad el inicio de la noche. Llegaba Killus. Tras su reciente bolo por la vecindad, en Argelita, donde convencieron con creces a un público menos allegado a su estilo, esta jornada tocaba persuadir a su propia audiencia. Y esto es un reto mayúsculo, pues sus credenciales ya son insuperables, recorriendo festivales internacionales y compartiendo cartel con bandas de reputación internacional. Y lo volvieron a hacer. Su desgarradora propuesta inquirió a los más suspicaces y reafirmó a los habituales. Solemnidad, carisma y un toque lobriego son los avatares de una banda que ya se ha consolidado en el panorama metalero.

Foto de Silvia Tejero

La andanada de venablos incluyó clásicos como Give It Up, Llama Inmortal, La Ley de la Calle o Espíritu de Lucha, junto a la presentación de nuevos cañonazos como La Vendetta Is Back, They Have No Courage o Faith. Un repertorio vertebrado sobre la contundencia y el espíritu combativo.

Temazos como Ascending Antichrist, Man-Made Tragedy, Grøtesk o White Lines aseguraron que los vilarealenses no vienen a perder el tiempo. Sus trazos industriales, con aspiración electrónica, canalizaron en lo que considero el techo de su madurez: Déjà Vu, su reciente single, que introduce además una dimensión diferente en una fórmula ya reconocible. La banda volvió a exhibir esa combinación de contundencia, teatralidad y oscuridad que ha convertido su directo en una de sus principales credenciales. Paralyzed, Hypocrisy y Feel the Monster mantuvieron la intensidad hasta encarar la recta final.

Crónica del III Brutal Fest: Una de las fotos a la banda Killus
Foto de Silvia Tejero

No sin antes desmelenarse con Ultrazombies y enloquecer con Gimme! Gimme! Gimme!, la ya inmortal versión del clásico de ABBA que Killus ha hecho completamente suya. Una despedida tan inesperada como efectiva para una formación que sabe conjugar la ferocidad con el espectáculo y que, a estas alturas, no tiene nada que envidiar a sus grandes referentes internacionales. Killus está aquí, inmortal, para tiznar la noche de macabra destreza.

Final de la crónica del III Brutal Fest: Un viaje épico hacia el corazón del heavy metal

Vamos acercándonos al final de la crónica del III Brutal Fest de la mano de Tierra Santa, banda que venía de presentar su último álbum cosechando un indubitable éxito en Latinoamérica. Un viaje épico reforzó una identidad forjada a fuego, construyendo un duodécimo álbum de estudio que continúa repitiendo una fórmula infatigable para su público. Así, con la luna de fanal pendiente del recital de epicidad que los riojanos nos iban a exhibir, arrancó el trallazo con Indomable. La vertiginosidad, marca de la casa, y los riffs serpenteantes protagonizaron el inicio del cierre de la noche. No faltaron canciones de cadencias más entrecortadas como Drácula, Apocalipsis o Por el valle de las sombras, una de las últimas incorporaciones al repertorio que ya se ha forjado como un clásico de su etapa reciente.

Foto de Lydia Sánchez

El tema homónimo de su último lanzamiento, Un viaje épico, caricaturizó la pantalla trasera con iconografía odiseica, dando paso a la epicidad del otro naufragio, el de La leyenda del Holandés Errante. El tema de presentación de su regreso dio paso a un repertorio que siguió navegando entre sus clásicos y la etapa más reciente. Rebajamos tempos con Rumbo a las estrellas hasta despegar con las arrolladoras Alas de fuego, con su inconfundible riff, su traqueteo marcial y su estribillo imbatible. El fogonazo final llegó con La canción del pirata, donde la celebración mutó en un recital de poesía unánime, convocando al eterno Espronceda.

Y detrás de todo ello se encontraba una formación perfectamente engrasada. Ángel San Juan comandó la nave con su voz y guitarra, secundado por Dan Díez a las seis cuerdas, Roberto Gonzalo al bajo y Juanan San Martín a los teclados, encargados de completar ese universo sonoro que tan reconocible resulta en Tierra Santa sintetizada en una connivencia grupal encomiable. Mención especial merece Alain Díez, imbatible tras los tambores, machacando con firmeza la batería y vigorizando tanto a sus compañeros como a un público que respondía a cada embestida.

Crónica del III Brutal Fest foto del bartería de Tierra Santa
Foto de Silvia Tejero

Tierra Santa demostró que su legado se ha labrado con esfuerzo, haciendo de la epicidad su estandarte y convirtiendo cada historia, cada leyenda y cada batalla en un himno compartido. Una forma de entender el heavy metal que, tres décadas después, continúa encontrando en el público un ejército dispuesto a corear cada verso.

Con el cierre de la banda, la asistencia empezaba a disiparse, satisfecha con un festival que se ha ganado a pulso la celebración de una cuarta edición, donde continuaremos encantados de promocionar y dar difusión a una iniciativa que representa a la perfección el músculo de nuestra escena.

Una nueva comunión de cuernos donde la actitud y elocuencia de lo nuevo se forja con la maestría y el respeto de lo clásico.

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