En este post os voy a hablar de los anticipos de «A Pound Of Feathers», el que será el nuevo disco de la banda The Black Crowes, no sin antes hablar de ellos y de su trayectoria. Vamos a ello.
Cuervos negros, alas abiertas y rock eterno
Hablar de The Black Crowes es hablar de supervivencia, de hermandad rota y recompuesta, de sudor sureño y de rock’n’roll desde los adentros. Nacidos en Atlanta a finales de los 80, los hermanos Robinson, (los Crowes) irrumpieron en la escena con Shake Your Money Maker (1990), un debut que los catapultó directamente al Olimpo del rock americano.
Desde entonces, su discografía ha sido un viaje sónico, dulce áspero y glorioso: The Southern Harmony and Musical Companion, Amorica, Three Snakes and One Charm, By Your Side o el infravalorado Lions , que aunque parezca que todo se mueve para cuando entra Losin my mind , ya eres su presa.
Los Crowes, son copiladores de historias, marcadas por el blues, el soul, el gospel y una fidelidad absoluta a los sonidos de la tierra, esos ritmos que se te posan en el pecho, te acunan o zarandean como los cuervos a sus presas , y comienzas a baila , al antojo de los cuervos.
Separaciones, peleas públicas, egos desbocados y regresos milagrosos forman parte de su ADN tanto como los riffs y los coros incendiarios. Parecieran la versión yankee de los Oasis en cuanto a los momentos Queen drama.
El carácter indomable de los Robinson
Si algo ha definido siempre a The Black Crowes es su carácter indomable. Chris Robinson, frontman carismático hasta la exageración, ha sido durante décadas una mezcla de predicador, chamán y estrella del rock, mientras que Rich, más introspectivo, ha ejercido de arquitecto sonoro con un olfato privilegiado para las guitarras clásicas.
Las tensiones entre ambos son ya leyenda: desde giras canceladas hasta silencios prolongados que parecían definitivos. Pero como en toda buena historia de rock, los cuervos siempre terminan volviendo al nido. Y cuando lo hacen, es porque realizaron una cacería exitosa, los Crows traen alimento, sustento sonoro para combatir lo tedioso de la vida o celebrar tus éxitos.
Mención especial merece Johnny Colt, que se mantuvo hasta el 97 entre sus filas, sustituido desde entonces por Sven Pipien.
En su etapa más reciente, la banda ha vuelto a las guitarras crudas, ritmos que beben del boogie y del blues más terrenal, y una producción que suena viva. Chris canta con la experiencia de quien ya lo ha visto todo, pero sin perder ese filo callejero que siempre le caracterizó. Las letras hablan de redención, de cicatrices, de seguir adelante aunque el camino esté lleno de piedras.
Los nuevos temas muestran ecos de sus mejores influencias
Musicalmente, estos nuevos cortes muestran ecos de Faces, Stones, Humble Pie y del soul sureño. Los riffs no compiten por velocidad, sino por la búsqueda del ataque certero, y la sección rítmica empuja con ese groove que solo se consigue tras años de carretera y escenarios. No hay relleno: cada tema suena a banda tocando junta, mirándose a los ojos, creyéndose lo que hace.
La antesala del nuevo disco
Nuevo disco que ya asoma en el horizonte, un lanzamiento que promete consolidar esta nueva etapa y demostrar que The Black Crowes no están aquí solo para celebrar aniversarios.
La expectación es real, porque con un pasado así, volver al estudio no es un acto romántico, es una prueba de credibilidad. … en el mejor sentido. No se espera un disco complaciente, sino un álbum que suene a madera vieja, a amplificadores al rojo vivo, y que nos haga vibrar.
A Pound Of Feathers, sale en marzo
El siguiente movimiento de los Crowes ya está en marcha. A Pound Of Feathers, previsto para 2026, nació de nuevas sesiones en Nashville junto a Jay Joyce, el mismo productor que devolvió a la banda al presente con Happiness Bastards. Sin grandes discursos ni promesas, los Robinson volvieron al estudio como mejor saben hacer, persiguiendo canciones hasta que empiezan a respirar por sí solas.
Los primeros adelantos —“Profane Prophecy”, “Pharmacy Chronicles” y “It’s Like That”— muestran un disco áspero y flexible al mismo tiempo, con guitarras que crujen, groove espeso y ese aroma de rock sureño que siempre ha sido marca de la casa. The Black Crowes siguen sonando como una banda real, de carne, hueso y amplificadores calientes.
La propuesta es clara
La invitación es revisitar su discografía, dejarse llevar por sus clásicos, pero también abrir los oídos a esta nueva etapa que suena tan honesta como necesaria.
Estar muy atentos a su regreso a los escenarios, especialmente si los cuervos deciden sobrevolar la península. Porque The Black Crowes no se entienden del todo en estudio: se entienden en directo, con el volumen alto, el cuerpo sudando y el rock reclamando su sitio.
Los cuervos han vuelto a desplegar las alas. Y el rock, una vez más, sonríe y yo también. Si os ha gustado este post sobre The Black Crowes y su A Pound Of Feathers, os recomiendo más contenido:

