Siempre es una buena noticia tener a una banda como Megara encima de un escenario y, aun más, si lo hacen con nuevo trabajo bajo el brazo. Y es que había muchas ganas de comprobar como suenan las nuevas composiciones que forman su <<Año Cero>> en directo. ¿El resultado? Lo podéis descubrir vosotros mismos en esta crónica de Megara en Barcelona pero os podemos adelantar que estuvo, de largo, a la altura de las expectativas.
La fuerza de Astray Valley
Pero vayamos por partes, y es que para redondear la cita, contamos con la presencia de una de las bandas más interesantes de la escena metálica catalana. Astray Valley fueron los encargados de encender la mecha con su propuesta de metal moderno (que poco me gusta esta etiqueta) con una fuerza arrolladora encabezada por la agresividad, melodía y personalidad de su vocalista Clau Violette.
Desde el arranque con «Opium» dejaron clara sus intenciones y las tablas de una banda que lleva una década en activo, con una buena representación de temas de su larga duración <<Midnight Sun>>, del que sonaron cañonazos como «Darkest Times», «Pray for the Devil» o una demoledora «Your Skin» que puso punto y final a una corta pero muy intensa actuación.
Como no podría ser de otra forma, hubo tiempo para que se ganaran al respetable con canciones más actuales como «Synthetic Heart» o una recién salida del horno «Crystallized Soul», que tan bien resume toda la identidad e influencias de su sonido. Y es que da gusto presenciar en vivo los cambios de registros vocales de Clau, arropada por afilados riffs de guitarra y una imponente base rítmica que imprimen una energía que no tiene nada que envidiar a grandes bandas internacionales. Habrá que seguirles la pista.
Bienvenidos al Año Cero
Y ahora sí. Pasaban las 9 de la noche cuando bajo una puesta en escena de tintes coloridos y futuristas aparecían sobre el escenario los protagonistas de la noche, Megara. Y Barcelona sería la afortunada ciudad en presenciar su nuevo espectáculo de su cuarto trabajo discográfico <<Año Cero>>, probablemente su disco más completo, experimental y redondo de su carrera. En breve tendréis la reseña del mismo y lo podréis comprobar de primera mano sino tuvisteis la suerte de estar allí esta noche.
No es un cumplido gratuito hacia la banda, ni mucho menos, y no hay mejor forma de demostrar la veracidad de mis palabras que remitiéndome a un hecho indiscutible: La totalidad del disco forma parte de su repertorio. Así que decidme si eso no es confianza (y seguridad) en el buen trabajo que uno tiene entre manos. Pero hubo tiempo para más, mucho más, aunque quizás menos del que nos hubiera gustado.
La elegida para iniciar el show sería, de forma acertada, una atmosférica a la par que intensa «Karma», que a pesar de algunos problemas en el volumen de las voces, fue recibida con el calor merecido por parte de un público que tenía ganas de disfrutar de la noche, con una buena entrada en la mediana de las Razzmatazz y con bastantes niños bailoteando y cantando por lo alto y ancho de la sala, en un concierto family friendly en el que la banda nos puso fácil a los que somos padres poder compartir la experiencia con nuestros pequeños. Pero vayamos al grano.
No tardaría en llegar uno de los temas que se han convertido, por méritos propios, en un clásico imprescindible en sus directos como «Bienvenido al Desastre», en el que Kenzy irrumpió en un banquete directamente sacado de «Alicia en el País de las Maravillas» y que, obviamente, acabó mal, con sus integrantes (y atrezzo) por los suelos. Pero mereció la pena. Vaya si la mereció. Y es que al final un concierto de Megara no es simplemente un (buen) puñado de canciones en vivo. Es un espectáculo de tintes teatrales que forman un inseparable equipo con su música.
Pero la noche iba de nuevas composiciones y «Del Revés» hizo saltar al respetable con una Kenzy entregada a la causa en alma, cuerpo y voz, siempre bien acompañada por la inseparable presencia de Rober, el Tío Rober para los amigos, y su inconfundible y personal sonido a la guitarra, formando una dupla que lleva una década dándonos alegrías. ¿Se podía mejorar el momento? Se me ocurren «13 Razones» para hacerlo, desatando una locura controlada de la que resultaba muy difícil no disfrutar si uno se dejaba llevar por la agresividad melódica de su compás.
Crónica de Megara en Barcelona
Llegó la hora de las brujas con «Hocus Pocus» y una nueva performance entre coreografías y vestuarios de Halloween que tan bien representan lo que es Megara. Una de esas canciones que sus seguidores no disfrutan, viven. Y tras ella nos sumergimos en el «Vértigo» que imprime Ra Tache a la batería, perfectamente arropada por el contundente e hipnótico bajo de Dim, su último y gran fichaje, completando un cuarteto que en directo funciona como una máquina perfectamente engrasada.
Los más Eurovisivos del lugar estaban de enhorabuena con la próxima canción en sonar, «11:11», con la que la banda representó a San Marino en una de esas experiencias que no se olvidan nunca, para lo bueno y lo no tan bueno, y que solo se les podría ocurrir a una pareja como Kenzy y Rober. Y tras la fiesta, llegó la calma de «Oniria», una preciosa balada sinfónica en la que el registro más cálido y sensible de la voz de Kenzy rinde homenaje al universo de la serie de «Arcane».
Apenas había tiempo para la pausa en una descarga tan eléctrica como la de Megara y novedades como la pegadiza «Boom Boom Bah», que reflejan el lado más divertido, experimental y sin prejuicios de su sonido, o «Dime Quién Hay», se funden en perfecta sintonía con veteranas como la poderosa «Involución» y su potente puesta en escena o la imprescindible «Oxígeno», con Kenzy a la guitarra sumando fuerza junto a Rober y que, para un servidor, es una de sus debilidades. Un tema perfecto para una noche perfecta.
Y llegaría el turno del divertido a la par que técnico solo de batería de Ra Tache, en el que con mucho groove y una pegada impresionante, a la que ya nos tiene acostumbrados, rendía homenaje a los pegadizos ritmos de Benny Benassi o The Prodigy que todos conocemos. Así es fácil ganarnos. Y lo hizo. Y tras él, tocaba jugar a un imprescindible y maravilloso «Truco o Trato» que convirtió aquello en una fiesta, para todos los públicos, dejándonos unas «Cicatrices» que lucir con orgullo.
Pero todo lo bueno se acaba, o eso dicen, pero si lo hacen con el espectáculo sonoro y visual de la archiconocida y pegadiza «Arcadia», las despedidas duelen menos. Pero no podían decir adiós sin llevarnos de la mano a su «4Ñ0 C3R0», canción que da nombre a su último trabajo y que, no tengo ninguna duda, se va a convertir en todo un himno de presente y futuro de la formación. O así debería ser. Gracias Megara por un concierto como el de esta noche, por regalarnos un disco tan maduro pero sobre todo tan vuestro y, como no, gracias por elegirnos para iniciar esta nueva era. Próxima parada, Madrid.
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