Crónica de Omega 30º Aniversario en Granada

Hoy os traigo una crónica que se aleja un tanto del estilo al que os tenemos acostumbrados, por su carácter flamenco, más que metalero. Sin embargo, la ocasión lo merece. Os dejo con la crónica de Omega 30º Aniversario en Granada.


Hablamos del homenaje al disco que unió a Enrique Morente con Lagartija Nick para cantar a Federico García Lorca y Leonard Cohen. Un álbum que vino para cambiar las reglas del flamenco —y en cierto modo, del rock— y que, treinta años después, suena tan atrevido como el primer día. Desconcertante en su momento y rechazado por los más puristas de ambos géneros. La diferencia en que ahora el público lo adora.

Como el hijo incomprendido que sale a recorrer el mundo y, al regresar, todos están orgullosos de él: así ha sido la vuelta a casa de Omega.

Primero conquistaremos Granada

El espectáculo estaba servido mucho antes de que la música comenzara a sonar, y es que el lugar donde nos encontramos ya es, por sí mismo, una obra maestra. Los Jardines del Generalife, con la Alhambra como telón de fondo y un escenario al aire libre bordeado de cipreses. Hasta una luna llena sobre nosotros que parecía asomarse poco a poco sobre los árboles para no perderse nada de lo que estaba a punto de ocurrir.

A pesar de ser la segunda de tres noches consecutivas para celebrar este aniversario, había decidido no saber nada sobre el espectáculo de la noche anterior, para tener la oportunidad de sorprenderme de primera mano. Menos mal que así lo hice.

Omega 30º Aniversario en Granada, Kiki Morente

Las luces se apagaron pasados unos minutos de las diez. Los más rezagados ocupaban aún sus asientos. Tras una breve introducción en vídeo, el escenario se envolvía en una atmósfera tenue y acogedora para recibir a Kiki Morente —hijo de Enrique—. De momento hizo su aparición él solo para entonar, casi de espaldas al público, como para sí mismo, Un cantaor debe morir. Ya sabíamos que se iban a rescatar algunos temas que en su momento fueron descartados de la versión final de Omega; lo que no esperaba era que comenzasen precisamente con una de estas rarezas. No obstante, a mi parecer, una elección ideal para un arranque íntimo y de lo más emotivo. Personalmente, me encantan los conciertos que empiezan con una lenta, para abrir boca antes del gran estallido.

Y entonces llegó Manhattan. Ahora sí, las puertas de Omega se han abierto.

«Primero conquistaremos Manhattan», dice la canción; esta noche, el objetivo éramos nosotros. Y ya lo creo que fue una conquista cuando el rock de Lagartija Nick —todos con unas máscaras blancas de aspecto surrealista— abrazó definitivamente al cante en una de las piezas versionadas de Cohen más reconocibles del álbum. Acompañados de un conjunto de coristas, guitarras y percusiones flamencas, la escena estaba compuesta en su totalidad.

Omega 30º Aniversario en Granada

Metidos ya en faena, La Aurora de Nueva York logró transportarnos al universo de Lorca, con una magia ambiental que a estas alturas resultaba imposible ignorar.

No es poca la responsabilidad del joven Morente al enfrentarse a cantar lo que cantaba su padre. La pregunta es: ¿quién mejor que él para hacerlo? Kiki imprime su propio estilo a cada tema. Suena a Enrique sin sonar a Enrique. Y esa dualidad es de lo más interesante: el respeto al legado de un artista, definiendo a la vez la identidad de otro.

En Omega hay sitio para todo

Kiki no fue el único en cantar. El propio Antonio Arias, de los Lagartija —no olvidemos que es el vocalista en su propia banda—, se hacía cargo del micrófono en canciones como Niña ahogada en un pozo.

Omega 30º Aniversario en Granada, Lagartija Nick

Hacia la mitad del concierto, el componente rockero dejó el escenario para dar paso a una tanda flamenca en la que brillaron temas como Sacerdotes o Solo del pastor bobo, con Kiki y su conjunto demostrando que en este Omega hay sitio para todo. Incluso para una visita del guitarrista Juan Habichuela Nieto, que se sumó al espectáculo.

Omega 30º Aniversario en Granada, coristas

Lagartija Nick volvió a escena para encarar la recta final. Y llegó uno de los momentos que yo más esperaba. Poema para los muertos —u Omega, la que da título al disco— y Vuelta de paseo fueron absorbentes. Una nueva demostración de que, hace treinta años, Enrique y los Arias sabían bien lo que hacían.

Posiblemente, el momento más emotivo de la noche llegó en Aleluya —quizá una de las composiciones más representativas de Cohen, reinterpretada magistralmente en Omega—, con Antonio y Kiki unidos en el centro para lanzar un «No a la guerra» y recordar al mundo que los niños son inocentes en cualquier parte. La carne de gallina cuando Kiki pidió silencio a su coro para entregarnos el protagonismo al público en esos «Aleluya» que todos hemos cantado alguna vez, pero que suenan distintos cuando los entonan más de 1.600 voces a la vez.

Qué manera de decir adiós

Finalmente, tuvimos el placer de disfrutar una hermosísima versión de Pequeño vals vienés a dos voces —Kiki y Antonio—, algo más pop quizás que la de 1996. Una mujer a mi lado no podía contener las lágrimas, y sospecho que no sería la única.

Crónica de Omega 30º Aniversario

Para despedir a Omega, Kiki presentó Esta no es manera de decir adiós, de su hermana Soleá —aunque también pertenece al universo Cohen. En este Omega, todo tiene un porqué—, avisando que «hay por ahí una sorpresa que os va a gustar». Nada menos que La Plazuela, que aparecieron en el escenario al comienzo de la canción. La fiesta terminó con Dama Errante, con todo el público de pie entre aplausos, lágrimas y mucha, mucha alegría.

Mención especial a la puesta en escena

Si Omega ya era una conjunción de estilos musicales, anoche alcanzó la dimensión que aún le faltaba: el baile. Y esta parte corrió a cargo de Israel Galván, con una danza peculiar: rebelde y transgresora, pero también majestuosa. Sus pies parecían charlar con los timbales y la batería. Niña ahogada en un pozo o Ciudad sin sueño fueron su terreno, y claro: eso también nos conquistó.

Rescato el momento del Kirie, con el coro ocupando el centro del escenario y esas máscaras, al principio extravagantes pero inocentes, que aquí adquirían un aire más inquietante.

Conclusiones de la crónica de Omega 30º Aniversario

El círculo se cierra

Un concierto suele ser emocionante, sea cual sea el lugar. Pero creo que algunos proyectos cobran aún más peso cuando regresan a la ciudad que los vio nacer, y eso se ve en los rostros de los que conocen su historia.

Lo que me llevo de esa noche es una mezcla brutal de sensaciones compartidas con todo el público, escuchando con solemnidad las partes más flamencas, y viniéndonos arriba cuando estallaba el rock más intenso de los Lagartija, inquietos por querer levantarnos de nuestros asientos. Solo espero haber sido capaz de hacerle una mínima justicia con mis palabras.

Omega ha dado la vuelta al mundo. Y tengo la sensación de que este paso por Granada ha tenido un componente especial, difícil de encontrar en otros lugares. Puede que sea el sentimiento de una gente que lo reconoce como algo propio.

Puede que Omega siga evolucionando, viajando a través de más generaciones, pero esta noche quedará grabada para siempre en el Generalife, pasando a formar parte de la historia de una ciudad, de su gente y de su arte. Ese hijo incomprendido ya no busca que lo entiendan. Esta vez, Granada lo esperaba con los brazos abiertos.

Texto: Adrián Peña | Fotografía: Marsize


Si te ha gustado esta crónica de Omega, puedes consultar el elenco completo del espectáculo en la web de Lorca y Granada en Los Jardines del Generalife.

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