Sevilla volvió a temblar bajo el influjo del rock más valvular y setentero. La cita marcada en rojo en el calendario de todo fan del hard rock se saldó con un rotundo éxito: Wolfmother pasó por la Sala Custom dispuesto a demostrar por qué siguen siendo uno de los mayores exponentes del género a nivel mundial.
Ciclonautas, unos teloneros de lujo
La velada ya venía caldeada gracias al arrollador directo de Ciclonautas, que ejercieron de teloneros dejando el ambiente en su punto exacto de ebullición. El trío demostró un oficio maduro sobre el escenario, metiéndose a la sala en el bolsillo a base de un rock denso, madurado y lleno de personalidad. Su actuación no solo sirvió para ir caldeando el ambiente, sino que dejó a la sala en el punto exacto de ebullición, listos para la gran descarga de la noche

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Un viaje al corazón de los 70
Con la sala a rebosar y las expectativas por las nubes, la banda australiana saltó a escena con una premisa clara: repasar los grandes himnos de toda su trayectoria y hacer retumbar los cimientos del recinto a base de psicodelia y un volumen arrollador.
Arrancaron el show con un ritmo frenético que no dejó espacio para la especulación. La guitarra, escupiendo ese tono distorsionado tan característico a medio camino entre el peso de Black Sabbath y el ritmo psicodélico de Led Zeppelin, fue la indiscutible protagonista de la noche. Todo ello perfectamente apuntalado por una sección rítmica muy potente que no dio ni un solo segundo de respiro.

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El público sevillano, entregado sin reservas desde los primeros compases, convirtió la pista de la Custom en un auténtico hervidero de adrenalina. Himnos incontestables de la banda como «Woman», «California Queen», «Love Train» o «New Moon Rising» cayeron como auténticos cañonazos, desatando una locura colectiva que iba en aumento con cada tema. La sala entera se transformó en una marea humana saltando al unísono, con los brazos en alto, puños cerrados y unos coros ensordecedores que hacían temblar las paredes y la propia estructura del recinto al ritmo de cada golpe. Un espectáculo de pura energía donde la conexión entre el escenario y la pista fue absoluta de principio a fin.
Complicidad, sudor y el clímax con «Joker & the Thief»

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El clímax absoluto de la noche llegó, como no podía ser de otra forma, en el tramo final. Cuando comenzaron a sonar los primeros compases de la icónica introducción de «Joker & the Thief», la sala entera se vino abajo en una auténtica explosión de adrenalina donde la gente lo dio absolutamente todo.
Pero la fiesta no acabó ahí. Para rematar la faena y despedirse por todo lo alto, se marcaron una versión arrolladora de «Rock and Roll» de Led Zeppelin que terminó de poner el recinto patas arriba. Con los últimos acoples de guitarra aún resonando y la banda despidiéndose en el escenario, el público sevillano respondió como mejor sabe: retumbando la sala a una sola voz con el mítico «Oé, oé, oé, oé…», dejando un broche de oro perfecto a una noche épica.

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Música real para tiempos de plástico
Sevilla presenció una auténtica lección de decibelios y actitud que demostró por qué la banda sigue jugando en su propia liga. Nos regalaron una noche brutal, cargada de repertorio atemporal y un arsenal de himnos incontestables que han marcado a toda una generación. De esas citas que se quedan grabadas a fuego en la memoria colectiva y te dejan con la certeza absoluta de haber presenciado algo gigantesco sobre las tablas. Una de esas fechas memorables que se recuerdan durante años y que, al salir a la calle con los oídos retumbando, solo te dejan con ganas de volver a verlos al día siguiente.

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