La noche del jueves, la Sala Siroco de Madrid acogió una intensa descarga de metal alternativo de la mano de Seventh Hell y ODC. Los valencianos compartieron escenario con la banda parisina, inmersa en su primera gira por la península, donde está presentando su primer trabajo de estudio, Twisted Love. Os dejo con la crónica de ODC en Madrid.
Dos formaciones que comparten el lenguaje del metal alternativo
Ambas cuentan con dos frontwomen contundentes y de altísimo nivel vocal, capaces de liderar sus respectivos directos con una personalidad arrolladora. Ingredientes más que suficientes para ofrecer una noche que terminó conquistando a un público entregado de principio a fin.
Después de actuar juntos el pasado 8 de julio en Barcelona, ambas bandas llegaban a Madrid para una nueva parada de la gira
En el caso de ODC, el viaje continuaría con una nueva cita en el País Vasco antes de poner rumbo al Zurbarán Rock Burgos, donde la banda parisina compartiría cartel con nombres de la talla de Doro, Heaven’s Gate, The Poodles, Bullet, Vindicta o Ars Amandi, una oportunidad inmejorable para seguir dando a conocer Twisted Love ante el público español.
La organización del concierto fue impecable, cumpliendo los horarios previstos con una puntualidad digna de mención. Un detalle que siempre es de agradecer y que permitió que la noche transcurriera sin sobresaltos.
Antes de que arrancara el concierto, desde RockForEveryone tuvimos la oportunidad de entrevistar a ambas bandas y compartir unos minutos con ellas. Charlamos sobre las sensaciones que les había dejado el concierto de la noche anterior en Barcelona, la excelente acogida que estaban teniendo en esta primera aventura por la península, cómo estaban sobrellevando la intensa ola de calor que atravesaba España y las expectativas con las que afrontaban la cita madrileña.
Seventh Hell: un espectáculo que va mucho más allá de las canciones

Los primeros en tomar posiciones sobre el escenario fueron Seventh Hell, y bastaron apenas unos minutos para despejar cualquier duda sobre su propuesta. El trío valenciano apuesta por una formación poco habitual, prescindiendo de batería, un detalle que sobre el papel puede sorprender, pero que desaparece por completo en cuanto comienza el concierto. En ningún momento se echa en falta. La compenetración entre sus integrantes, un sonido perfectamente trabajado y una ejecución muy sólida consiguen un resultado contundente y lleno de matices.

Pero si algo distingue a Seventh Hell es que no entienden un concierto como una simple sucesión de canciones. Han construido un espectáculo con identidad propia, donde cada tema forma parte de una historia que se desarrolla a medida que avanza el show. Ese hilo conductor consigue atrapar al público, que permanece inmerso en la propuesta de principio a fin, pendiente tanto de la música como de todo lo que sucede sobre las tablas.

La puesta en escena está cuidada al detalle, con un ritmo dinámico que no da tregua y un sonido de gran calidad que permite disfrutar de cada uno de los matices de la banda. Todo está medido, pero sin perder frescura, demostrando un trabajo previo muy serio y una clara apuesta por ofrecer algo más que un buen repertorio. Seventh Hell no solo interpreta sus canciones, las representa, consiguiendo que el directo se convierta en una experiencia inmersiva.

La respuesta del público fue creciendo con cada tema. Los aplausos, los gestos de complicidad y la entrega de los asistentes confirmaban que la propuesta de los valencianos había conectado de lleno con la Sala Siroco, dejando el ambiente en su punto justo para recibir a ODC.
Crónica de ODC en Madrid: cuando la precisión se convierte en emoción
Con el listón muy alto tras la actuación de Seventh Hell, llegaba el momento que muchos esperaban. Era la hora de que ODC invadiera el escenario de la Sala Siroco.
El primero en ocupar su sitio fue Héctor, acomodándose tras la batería con la responsabilidad de marcar el pulso de una maquinaria perfectamente engrasada. Desde el primer golpe hasta el último, su interpretación fue tan precisa como un reloj suizo, sosteniendo con firmeza un repertorio que no dio un solo respiro.

Raphaël, con su guitarra de ocho cuerdas, armonizaba y cortaba el viento de la sala con una destreza que resultaba tan evidente como admirable. Cada riff, cada melodía y cada pasaje encontraban su sitio con una naturalidad que demostraba el enorme trabajo que hay detrás de la propuesta sonora de ODC.

Sonny (MX MNK) llenaba el escenario y todo el espectro sonoro con una energía arrolladora. Su bajo se convertía en una auténtica columna vertebral del directo y el uso del pedal Alpha Omega regalaba auténticas delicatessen sonoras, moldeando un tono grueso, agresivo y lleno de matices que hacía las delicias de quienes disfrutamos de las frecuencias graves.

Y entonces tomó el control Célia Do. No solo dirigía el ritmo y el tempo de cada canción; también dominaba los silencios, las miradas y los tiempos muertos con una naturalidad asombrosa. Su voz se convirtió en el hilo conductor del concierto, guiando las emociones y las sensaciones de un público completamente entregado, capaz de pasar de la delicadeza a la explosión en cuestión de segundos. Una interpretación cargada de matices, potencia y sensibilidad que confirmó el altísimo nivel vocal que ya intuíamos antes de que comenzara el concierto.

Trece himnos, un viaje emocional
Con la sala ya completamente en sus manos, ODC fue enlazando los trece temas de su repertorio con una naturalidad y una majestuosidad que hicieron que el concierto fluyera sin un solo momento de respiro. La apertura con «My Only Fan» marcó desde el primer minuto las intenciones de la banda. Tema tras tema fueron construyendo un muro de emociones que terminó de derrumbar cualquier resistencia del público con «I Need to Breathe», momento en el que la conexión con la Sala Siroco era ya absoluta.
A partir de ahí llegaron como auténticas bombas «Twisted Love», «Follower», la esperadísima «My Name Is Gold», una coreadísima versión de «Despechá», que desató la complicidad de todos los presentes, y como broche de oro «Welcome to My World», dejando al público con ganas de mucho más.

ODC consiguió que el público viajara durante todo el concierto por un amplio abanico de emociones, transitando con una naturalidad asombrosa desde la ternura más delicada hasta la brutalidad sónica más demoledora. Y en el centro de todo ese viaje estuvo Célia Do, conduciendo cada instante con una presencia magnética, como una elfa con la contundencia de una horda orca, llevando de la mano a una Sala Siroco completamente entregada.
Cuando las luces de la Sala Siroco volvieron a encenderse y el último aplauso se fue apagando,
Quedo la sensación de haber asistido a una de esas noches que justifican cualquier kilómetro recorrido para disfrutar de la música en directo. Seventh Hell confirmó que posee una propuesta original y sólida, mientras que ODC dejó claro que su primera incursión por la península no ha hecho más que abrir un camino que promete ser largo y fructífero.
Desde RockForEveryone solo podemos desear a ambas bandas el mayor de los éxitos. Si mantienen el nivel, la pasión y la honestidad que demostraron sobre las tablas de la Sala Siroco, no tenemos ninguna duda de que su trayectoria seguirá creciendo concierto tras concierto.
Por nuestra parte, solo queda esperar que sus caminos vuelvan a cruzarse muy pronto con el nuestro. Será la mejor señal de que el metal alternativo sigue ganando terreno, de que aún quedan muchas historias por contar y de que volveremos a encontrarnos frente a un escenario para seguir disfrutando de su música.
Porque mientras existan noches como la vivida en la Sala Siroco, el metal alternativo seguirá teniendo un futuro tan prometedor como ruidoso.
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