Crónica de Calva Louise y NoahHisteria en Valencia

Os traemos la crónica de Calva Louis en Valencia. La ciudad del Turia se convirtió en el punto de partida de una nueva travesía para Calva Louise, que desembarcó en Rock City (Almàssera, Valencia) con una propuesta tan inclasificable como sugestiva. Ante una sala abarrotada y una asistencia heterogénea, el trío desplegó un universo sonoro donde la delicadeza melódica y la violencia instrumental se repelen y atraen constantemente. Pese a su juventud, la formación atesora ya cuatro álbumes y una identidad consolidada dentro de la escena alternativa internacional.

Metal, punk, electrónica y rock alternativo convergen en una amalgama que rehuye cualquier clasificación complaciente. Una arquitectura de contrastes en la que la voz transita de lo melindroso a lo gutural, unas texturas ambientales que ceden ante quiebros rítmicos demoledores y una formulación experimental que construye un universo musical expansivo. Con esta credenciales, la banda hace del electicismo su mayor virtud.

Foto de Lydia Sánchez

Noah Histeria, una sorpresa envolvente

Noah Histeria sirvio como aperitivo pero se acabó convirtiendo en manjar. Nos dejaron atónitos con una propuesta envolvente, capaz de orbitar entre el minimalismo de texturas sutiles y un juego ambiental muy bien logrado, para desembocar en rupturas categóricas del ritmo construído que hicieron añicos nuestros cuellos. La disparidad variopinta de los instrumentos certifica la autenticidad de una banda que encuentra en el contraste de intensidad gradual su mayor fuelle. Un encuentro entre lo íntimo y lo destructivo, con guiños groove y progresivos que imprimen una marca de autenticidad nada desdeñable.

La formación de Xàtiva, desplegó una propuesta que rehúye las estructuras convencionales. Sus composiciones transitan por pasajes de aparente contención, donde las texturas adquieren un protagonismo delicado, antes de quebrar esa calma con virajes rítmicos de una contundencia inesperada. La prueba fehaciente la encontramos en el público, desatado ante las rupturas imprevisibles que enardecieron a los más rendidos al momento.

Una sorpresa que abriría la noche, dejando el terreno abonado para una velada en la que la experimentación y la personalidad sonora serían el denominador común.

Foto de Lydia Sánchez

Calva Louise y la belleza de la ruptura

El interim entre la preparación del escenario y la aparición de la banda dejó unos minutos para asentar la experiencia vivida, refrigerarse y posicionarse estratégicamente para disfrutar en primera plana del plato principal.

Sin exquisiteces y con la candidez propia de quien viene a disfrutar y compartir su propuesta creativa, apareció Calva Louise sobre las tablas. Tras una introducción, «Tunnel Vision» abrió el recorrido, permitiéndonos apreciar desde los primeros compases cómo la externalización creativa de Jess Allanic se amalgama con un virtuosismo polifacético que encuentra en la voz su expresión más evidente. La cantante venezolana transitó con pasmosa naturalidad entre lo melindroso y lo gutural, dos extremos en cuya medianía encontramos uno de los grandes atractivos de su propuesta.

Foto de Lydia Sánchez

La perfecta armonía del protagonismo musical

Con canciones como «El umbral», el repertorio fue desplegando una arquitectura instrumental de lo más sugestiva. La desnudez de determinados pasajes convivía con una densidad creciente, mientras el bajo de Alizon Taho adquiría un protagonismo determinante, aportando profundidad y asumiendo en muchos momentos un papel central en la narrativa musical.

A su lado, la ejecución percusora de Ben Parker ejercía de motor imparable, llevando las riendas rítmicas y marcando las pautas de los sucesivos virajes. Una labor determinante en la evolución camaleónica de unas composiciones capaces de transitar desde ritmos que sostienen el entramado guitarrístico hasta cadencias de mayor inclinación electrónica. La distorsión, los juegos sincopados y las texturas sintéticas se entrelazaban con pasajes de mayor desnudez, acumulando una tensión que encontraba salida en rupturas instrumentales de considerable contundencia, capaces de sacudir directamente la cerviz.

La capacidad expresiva de Jess Allanic trasciende ampliamente el apartado vocal. Su capacidad para alternar la guitarra con el piano y los recursos electrónicos, demuestra un virtuosismo fuera de lugar. Su precisión instrumental quedó especialmente patente en los pasajes de guitarra, mientras que el piano permitió introducir atmósferas de mayor delicadeza, llegando a protagonizar solos estremecedores en el que acompañó su propia voz sin desprenderse del teclado. Una versatilidad que logra todavía más valor al contemplar la naturalidad con la que se desliza entre registros aparentemente antagónicos.

Foto de Lydia Sánchez

Un universo que trasciende el escenario

Las televisiones y pantallas que acompañaban la actuación incorporaban videoclips y secuencias narrativas que ampliaban el universo audiovisual de la banda. Una dimensión especialmente presente en Edge of the Abyss (2025), su último trabajo, donde la música y el relato visual forman parte de una misma concepción creativa.

«La Promesa» ya se ha convertido en una pieza clave del repertorio pese a su corto recorrido. El tema se sostiente sobre una estructura de piano, de carácter sinfónico y tonalidad maléfica que da cobertura a la voz. Su solemnidad, evocadora de un órgano eclesiástico, estableció el tronco melódico hasta que la brutalidad desencadenó el caos convirtiendo la canción en una escaramuza de intensidades. Las texturas melódicas incesantes muy bien calibradas convivieron con el estribillo y los riff sinuosos enhebrados durante el potencial melódico. Una canción paradigmática de la absoluta destreza del conjunto muy bien acogida por el público.

Con «Con corazón» y «Hate in Me», la actuación continuó recorriendo diferentes registros, alternando pasajes de mayor contención con otros de vocación expansiva. Las canciones en castellano, entre ellas «El umbral», aportaban además un matiz especialmente significativo a la identidad de Allanic.

Foto de Lydia Sánchez

Un trío imbatible

Entre canciones, Jess presentó a sus compañeros y desplegó una cercanía y simpatía que contrastaban con la intensidad de su interpretación. Se refirió a la formación como una banda casera, destacando el carácter prácticamente artesanal de un escenario confeccionado en buena medida por Alizon. También hubo agradecimientos para la promotora y quienes hacen posible que estas propuestas encuentren su espacio. Un ejercicio de reconocimiento colectivo que permitió asomarse al espíritu de una formación cuya dimensión creativa parece extenderse también a la construcción de su propio universo escénico.

Una promesa con futuro

El desenlace con «Oportunista» terminó de liberar la energía acumulada, con una asistencia desatada en un auténtico torbellino de cuerpos y movimiento. Calva Louise culminó así una actuación que hizo de la experimentación, el virtuosismo y la ruptura su mejor argumento.

En un ejercicio de absoluta maestría muscial fuimos testigos de como desde la vocación más desvidida por construir un proyecto sólido, son ilusión, esfuerzo e indudable calidad, acaba materializándose el éxito. Una sala abarrotada y entusiasmada que se fusionó con la entrega incondicional de una banda que puso el local patas arriba lo deja patente.

Les deseamos muchos éxitos en toda su gira.

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