Reseña de Cartoon Violence de Mother Vulture

mother vulture

El rock británico aún sabe gruñir, pero necesita bandas como Mother Vulture para volver a enseñar los dientes. Mother Vulture aparece para ensuciarlo todo y demostrar que todavía puede sonar sucio, ruidoso y peligrosamente divertido. El cuarteto de Bristol regresa con Cartoon Violence (2026), un disco que solo quiere sonar fuerte y pasarlo bien rompiendo cosas. Aquí tenéis mi reseña de Cartoon Violence.

Nacidos en la siempre inquieta escena de Bristol

Mother Vulture llevan años defendiendo una mezcla de stoner-punk, hard rock y fuzz sin modales, con buenos riffs y actitud a raudales. Su debut Mother Knows Best ya dejaba claro que lo suyo no era la sutileza, sino el impacto. Este segundo álbum no cambia la fórmula: más volumen, más confianza y mejores canciones. Justo lo que debe hacer un segundo disco.

Una banda de bar, actitud punk y precisión metalera

Reseña de Cartoon Violence, imagen de la banda Mother Vulture


Formada por Georgi Valentine (voz), Brodie Maguire (guitarra), Chris Simpson (bajo) y Matt West (batería) funcionan como una banda de bar que accidentalmente aprendió a tocar muy bien. Valentine lidera el caos con carisma y teatralidad, mientras la banda dispara riffs como si no hubiera mañana. Todo suena crudo, compacto y listo para el directo.

Y es ahí donde realmente viven. Giras con Skindred, Reef, Feeder o Bokassa, salas pequeñas, festivales y kilómetros de carretera han convertido a Mother Vulture en una máquina de ruido perfectamente engrasada. Incluso su decisión de autoeditar el disco encaja con su ADN: hacerlo todo a su manera y lo más alto posible.

Corte a corte: ruido, sarcasmo y gasolina

El álbum arranca con “Mike Check”, una patada en la puerta que marca el tono desde el primer segundo. Un riff demoledor, aderezado a la perfección con un coro que vuelve el tema en una delicia sonica. «Sufferin’ Succotash!” me suena al kickstart my heart pasados de moloko velozet y “Treadmill” disparan la adrenalina con nervio punk y riffs urgentes, mientras “Slow Down” no afloja realmente la tensión: solo cambia el pulso para que el siguiente golpe llegue con más fuerza.

The Masquerade” prepara el terreno para “Phoenix”, uno de esos temas que piden ser gritados en un concierto con cerveza en la mano. “Corporate Programming” y “Double Down” mantienen la sonrisa torcida del disco, y “Knuckles” añade peso y groove.

En la recta final, “Bed Bugs”, “La Matadora”, “For Years I’ve Been Searching” y “Mountain Of Youth” cierran el álbum sin perder energía, como un concierto que se alarga porque nadie quiere irse a casa.

Cartoon Violence no es un disco que quiera cambiar la historia del rock. Quiere algo mejor: sonar como una banda real, sudando en una habitación demasiado pequeña y demasiado ruidosa. Y lo consigue.

Conclusión de la reseña de Cartoon Violence: una escucha obligatoria

Si te gustan los discos que suenan mejor cuanto más alto los pones, aquí tienes uno. Ponte Cartoon Violence, molesta a los vecinos reguetoneros y brinda por el rock sucio, a la ciudad.

Recomendación canalla: escúchalo de noche, de día o cuando te dé la gana, pero escúchalo alto. Con una cerveza, una copa de vino o caminando por el parque con los cascos bien puestos. Date la oportunidad de que este disco te sacuda… y asume que mañana te va a doler el cuello.

Espero que te haya gustado la reseña de Cartoon Violence. ¿Quieres más ruido, historias y discos que sacuden? Explora todas nuestras reseñas en RockForEveryone:

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