La mítica banda británica lanza su cuarto disco en apenas seis años, demostrando que a nivel creativo siguen al pie del cañón. Gillian, Paice, Glover, Airey y el «novato» Mcbride siguen explorando las infinitas aristas del rock clásico, trayéndolo a nuevas generaciones cuando la banda está a punto de cumplir 60 años en activo. Todo un logro al alcance de muy pocos, que sirve excusa para celebrar este nuevo disco, más allá de críticas y elogios. Aquí te dejamos la reseña de Splat!, el nuevo trabajo de Deep Purple.
Así suena Splat!, el nuevo disco de Deep Purple
Poner en antecedentes a cualquiera al hablar de Deep Purple me resultaría absurdo a estas alturas. Es una de las bandas de rock más grande de la Historia, con discos inolvidables, habiendo influenciado a miles de artistas en estos casi sesenta años de carrera. Splat! es su vigesimocuarto disco de estudio, y el sonido que los encumbró a finales de los 60 se mantiene aquí. y Arrogant Boy es la prueba perfecta. Sonido cien por cien Purple, con ese característico Hammond de Don Airey y la voz de Gillian en un registro cómodo en el que puede transmitir muchísimo.
En Diablo repetimos la fórmula, aunque llama la atención lo hermoso del evocador estribillo, donde incluso se puede detectar ese regustillo a Blackmore que Mcbride también ha sabido imprimir a las guitarras de la banda desde su llegada en 2022. La maestría y la clase del norirlandés están fuera de toda duda, a pesar de tener que batirse el cobre con algunas de las mayores leyendas vivas del rock.
Seguimos con The Rider, que viene introducido por un curioso sintetizador que da paso a un medio tiempo de rock clásico impecable. Sin efectismos, sin una producción sobrecargada e hipercomprimida. El regusto de la tortilla de patatas de tu abuela, que no necesita de nombres rimbombantes ni cuarenta kilos de salsa de queso encima para hacerte la boca agua. Así, tal cuál, es el sonido de este Splat!. Y benditos sean estos señores que en lugar de quedarse jugando al bridge o al dominó siguen lanzando temas como The Lunatic, otra ración de nostalgia bien llevada y traída al presente.
Un sonido que nunca pasa de moda
Seamos claros: si te gusta el rock clásico, este disco te va a encantar. Si prefieres los estilos más «modernos», puede que te resulte raro o incluso aburrido. Como todo, el gusto y las expectativas muchas veces deciden la experiencia. Pero abriendo las orejas, uno no puede más que maravillarse por la música que estos genios siguen haciendo rebasando ya los 80 años en algunos casos. The Only Horse in Town sigue esa misma línea, con toneladas de clase magistral en cada una de sus partes.
El teclado que inicia Sacred Land parece estar imitando a una gaita, aunque la armonía nos remite de nuevo a la vertiente más oriental y arabesca del grupo. Airey y Mcbride vuelven a lucirse en los solos, y con apenas tres minutos y medio, la canción se mantiene siempre arriba. La intensidad baja un poco en The Beating of Wings, que tiene un buen estribillo, pero esta vez sí se queda a medio gas. La preciosa introducción a piano de Guilt Tripping suena a puro flamenco. El Gillian más desatado a las voces se permite estrofas en falsee mientras cabalga un brutal riff que vuelve a desembocar en diferentes solos, haciendo de este el tema más largo del disco. Eso sí, no se hace pesado ni por un segundo.
¿Querían sorpresas? Pues escuche Scriblin’ Gib’rish, con esa guitarra crujiente como hacía tiempo que no se escuchaba en un disco de Purple. El tema está primorosamente bien construido y encima suena a gloria, ¿qué más se puede pedir? Tal vez un poco de jugueteo, como el de Jessica´s Bra, que nos envía de una patada a los 70 con ese teclado y esas melodías. ¿Y el solo de guitarra? Una locura, si me preguntan.
Mucho que mostrar, nada que demostrar
A estas alturas Deep Purple ya no tiene nada que demostrar a nadie, aunque más de una banda debería tomar nota de cómo seguir reverenciando su propio legado pasada su «era dorada». Pero aun les queda mucho por contar y mostrar, y por eso Third Call suena exactamente a lo que tiene que sonar. Un sueño húmedo para todos aquellos que se enamoraron de la intensidad del rock con aquel ya legendario Made In Japan, por ejemplo.
El alegre inicio de My New Movie nos devuelve al Gillian más juguetón, en una tesitura que envuelve y fascina sin necesidad de alcanzar los agudos imposibles de antaño. Da gusto escuchar una vez más el solo de Mcbride, y a Airey divertirse con Bach. El disco termina con la canción que le da nombre, Splat!. que nos entrega una intro rotunda con Paice y Glover marcando el paso para la entrada del resto de la banda. Un tema que encapsula el sonido de todo el disco, con guiños interesantes y una producción por parte de Bob Ezrin que suena absolutamente perfecta.
Conclusiones de la reseña de Splat!
Llegar al disco número 24 y sacar esta colección de canciones como si nada solo está al alcance de auténticos genios. Señores, como diría aquel locutor argentina, hay que cerrar el estadio, porque Purple todavía guarda talento y magia para seguir sorprendiendo a sus fans, y este Splat! es la prueba perfecta de ello. Una delicia de disco para paladear cada segundo, cada canción, mientras conduces, mientras trabajas, mientras esperas en el dentista o te dejas llevar por el deseo más carnal y prohibido. Ustedes elijan el momento, pero por favor, no dejen de escuchar a estos maestros.
Si te ha gustado nuestra reseña del nuevo disco de Deep Purple puedes echar también un vistazo a la crítica sobre el nuevo trabajo de Muse, The Wow Signal, o conocer las primeras confirmaciones para la próxima edición del festival Rock Imperium. Por último, puedes ver nuestra entrevista a la dama negra en nuestro canal.

