Si habéis leído mi reseña de Todo al 3, probablemente ya sabréis que una de las cosas que más me llamó la atención de Hijos del Tercer Acorde fue que la banda parece ir bastante más allá de hacer canciones. Su estética, sus letras, sus personajes y esa ambientación steampunk que rodea al grupo dejan claro que detrás hay algo más. Y efectivamente lo hay.
Hijos del Tercer Acorde tiene todo un universo propio, el HiD3Averso, en el que se desarrolla la historia de sus integrantes. Un futuro distópico en el que la humanidad ha dejado atrás muchas de las estructuras que conocemos actualmente y donde la desigualdad, el cambio climático, las grandes corporaciones y el control de la población han convertido buena parte del mundo en un lugar bastante jodido para vivir. Vamos a intentar poner un poco de orden en todo esto.
Un futuro no demasiado prometedor
La historia comienza alrededor del año 2059. El mundo ha cambiado bastante respecto al nuestro y la llamada Gran Desinversión ha provocado el colapso económico de numerosos territorios.
Mientras una pequeña parte de la población disfruta de todos los avances tecnológicos y de una vida prácticamente ajena a los problemas del resto, millones de personas sobreviven como pueden en zonas abandonadas, ciudades-colmena y asentamientos aislados. Son las llamadas Tierras de Nadie.
Y aquí es donde entra uno de los elementos que más me gustan del concepto de Hijos del Tercer Acorde: la música. En estos territorios, donde la tecnología no está al alcance de todo el mundo, los instrumentos tradicionales y la música popular vuelven a tener un papel importante. El folk se convierte en una forma de transmitir historias y mantener unida a la gente, mientras que en las zonas más desarrolladas el rock y otros estilos sirven como vía de escape. Es decir, que la música no está simplemente de fondo. Forma parte del propio mundo. Y es precisamente en este contexto donde comienza la historia de la banda.
Todo comienza con Kale
Uno de los principales protagonistas es Kale Arc’kam, un joven procedente de una familia privilegiada, hijo de un político y una ejecutiva, que, pese a tenerlo todo para triunfar dentro del sistema, no termina de encontrar su sitio. Kale, sin embargo, no quiere seguir ese rumbo e ingresa en la Academia Militar.
Después de pasar por diferentes situaciones y acabar expulsado de la Academia Militar, Kale se encuentra prácticamente solo en Marsella. Echa de menos la música, pero también todo aquello relacionado con el mundo militar: pilotar aeronaves, disparar y vivir aventuras. El problema es que no quiere convertirse simplemente en un mercenario. La solución parece ser convertirse en cazarrecompensas. Claro que hay un pequeño problema: para ser cazarrecompensas hace falta una nave y una tripulación. Y aquí comienza el lío.
Kale irá reuniendo a una serie de personajes bastante particulares, empezando por Will O’Donnell, un experto en infiltración, hackeo y supervivencia, y Jack de Sangreal, antiguo justiciero y guitarrista punk.
A ellos se sumará Viator Arc’kam, el hermano de Kale, y considerado joven promesa en la política, que ha roto con su familia y que tiene sus propias ideas sobre cómo debería ser el futuro de la humanidad, desencantado al descubrir que su propio padre le boicoteó. Y finalmente llegará Erik Allen Bryant, un joven mecánico y guitarrista que ha crecido en una pequeña comunidad.
Como podéis imaginar, juntar a cinco personajes con semejante historial no parece precisamente la mejor receta para crear una empresa de éxito. Y, efectivamente, como cazarrecompensas son bastante malos.
El programa de Kale y el nacimiento de Hijos del Tercer Acorde
Kale intenta convertir a todo este grupo de inadaptados en una especie de escuadrón de asalto mediante lo que se conoce como el Programa de Kale. La idea es que cada uno aporte aquello que sabe hacer mejor: Kale aporta su formación militar, Viator sus conocimientos de protocolo, Will sus habilidades de infiltración y hackeo, Jack el combate y el tiro y Erik sus conocimientos de mecánica. Sorprendentemente, funciona. Más o menos.
Porque mientras ellos intentan ganarse la vida como cazarrecompensas, su negocio no termina de despegar. Y es entonces cuando Kale tiene una de esas ideas que probablemente no deberían llevarse a cabo. Robarle un concierto a Charly Hidalgo.
Charly es una estrella del rock y, además, pertenece a una de las familias más ricas del mundo. Lo tiene todo: dinero, fama y éxito. Pero también está tremendamente solo.
El plan de los Hijos para hacerse famosos tocando un par de temas delante del público sale bastante mal, aunque consigue llamar la atención de Charly, y este acaba uniéndose a la tripulación. Y aquí es cuando la banda empieza a tomar forma.
De cazarrecompensas a trovadores
Una de las cosas que más me gusta del lore es que la música y las aventuras de los personajes van avanzando prácticamente al mismo tiempo. Los Hijos siguen trabajando como cazarrecompensas, pero también empiezan a tocar y a grabar sus propias canciones. Incluso montan un pequeño estudio dentro de su nave utilizando material recuperado y bastante chatarra. Poco a poco empiezan a hacerse conocidos.
Temas como “Generación Deriva”, “Saluda al Tirano”, “Zombis en el centro comercial” o “Gracias por todo” comienzan a circular por las radios locales y por la precaria Internet de las Tierras de Nadie. Y aquí aparece una de esas contradicciones que hacen que el universo funcione tan bien. Ser famoso está muy bien si eres músico. Si eres cazarrecompensas, quizá no tanto. Y es que, cuando intentas infiltrarte en algún sitio y la persona a la que vas a secuestrar te reconoce porque eres el cantante de su grupo favorito, la cosa se complica bastante.
El Gran Apagón
La situación cambia radicalmente con el Gran Apagón, un enorme ataque cibernético que deja fuera de servicio durante casi un año buena parte de los sistemas de control y vigilancia del Estado. La Policía se repliega hacia las grandes ciudades y las Tierras de Nadie quedan prácticamente abandonadas.
Para los Hijos es una época dorada. Viajan con su aeronave, realizan trabajos de todo tipo y llevan su música a diferentes comunidades. Rescates, secuestros, investigaciones, pequeños asaltos… lo que haga falta. Y poco a poco dejan de ser simplemente un grupo de cazarrecompensas. Se convierten también en los trovadores de las Tierras de Nadie. Sus canciones hablan de lo que ocurre a su alrededor y empiezan a representar a toda esa gente que vive al margen del sistema. E incluso grabaron su primera maqueta y luego su primer disco.
Una familia de inadaptados
Pero, como suele ocurrir, la historia de la banda también está marcada por las entradas y salidas de sus integrantes. Erik acaba abandonando el grupo para volver con su familia. Le sustituye durante un tiempo Darius Döppelganger, un mercenario con doble personalidad que intenta dividir a la tripulación mediante todo tipo de maniobras bastante surrealistas. No dura demasiado.
Después llegará Johann LeBeau, que terminará convirtiéndose en guitarrista y en uno de los miembros más queridos de la tripulación.
Y más adelante aparecerá uno de los personajes más interesantes de todo el HiD3Averso: BESTIA. Detrás de BESTIA se encuentra en realidad Morgan Vivers, un conocido folklorista que ha pasado siete años aislado en una isla después de sufrir una experiencia traumática. El aislamiento, las heridas y todo lo que ha vivido han hecho que desarrolle una nueva personalidad y pierda incluso la capacidad de hablar. Los Hijos terminan acogiéndolo en la nave y, tiempo después, descubren su verdadera identidad al encontrar uno de sus antiguos discos. Y así, poco a poco, BESTIA se convierte en otro Hijo.
Los Hijos son invitados a una festividad en Países Bajo y allí conocen una utópica comunidad autogestionada que vive en paz y en comunión con su entorno. Sin embargo acaban teniendo que regresar y se encuentran con el fin de esta dulce etapa con más presencia policial e incluso una orden de busca y captura sobre sus cabezas.
Y entonces llegó Chegy
El último personaje que merece una mención especial es Chatarra Chegy, probablemente uno de los miembros más peculiares de la banda.
Chegy es un chatarrero que ha pasado de tener un negocio importante a sobrevivir prácticamente de milagro. Después de tocar fondo, descubre que Hijos del Tercer Acorde busca batería. Se presenta a la audición. No parece tener muchas posibilidades. Así que decide robarles todas las piezas de la nave. Es una manera bastante peculiar de decir: “O entro en la banda o no voláis”.
Y, aunque al principio intentan deshacerse de él, pronto descubren que Chegy es un excelente batería y un mecánico todavía mejor. Además, por primera vez en mucho tiempo, el chatarrero empieza a preguntarse si aquello que tiene con los Hijos podría ser algo parecido a tener amigos. Y creo que esa frase resume bastante bien el espíritu de toda la historia.
Hijos del Tercer Acorde: Mucho más que una banda
Al final, el HiD3Averso no es simplemente una excusa para darle una estética determinada al grupo. Es la historia de un montón de personajes que, por diferentes motivos, han terminado fuera del lugar que la sociedad había preparado para ellos.
Políticos desencantados, militares fracasados, músicos, hackers, chatarreros, supervivientes y gente que simplemente no sabe muy bien qué hacer con su vida. Todos ellos terminan encontrándose en una nave destartalada. Y allí hacen música.
Pero también empiezan a desarrollar un sentido de justicia que inicialmente no estaba en los planes de nadie. El problema llega cuando el Estado recupera progresivamente el control tras el Gran Apagón y los trabajos de los Hijos empiezan a parecerse cada vez menos a encargos de cazarrecompensas y más a pequeñas gestas en favor de las comunidades que encuentran por el camino.
Y aquí es donde creo que está una de las claves para entender a Hijos del Tercer Acorde. No son héroes. Tampoco pretenden serlo.
Son un grupo de inadaptados que han encontrado una familia y que, casi sin darse cuenta, han terminado convirtiéndose en la voz de una parte de la sociedad que no tiene demasiadas opciones para hacerse escuchar.
Y eso hace que Todo al 3 gane todavía más sentido cuando conoces todo lo que hay detrás. Porque canciones como “Pan y Tierra” dejan de ser simplemente canciones de protesta y pasan a formar parte de la historia de ese mundo.
Y quizá ahí esté precisamente la gracia de Hijos del Tercer Acorde: que cuando escuchas su música, no solamente estás escuchando un disco. Estás entrando en el HiD3Averso.
Espero que os haya gustado este artículo sobre el lore (universo e historia) de Hijos del Tercer Acorde. Me despido dejándoos más contenido de interés:









