El deathcore lleva unos años viviendo una segunda juventud. Nacido del cruce entre el death metal y el hardcore, con bandas como Dying Fetus entre sus influencias más brutales, el género ha pasado por épocas de popularidad y otras en las que parecía haber perdido fuelle. Ahora, mientras Lorna Shore apuesta por una épica sinfónica cada vez más grandilocuente y Darko US lleva la experimentación electrónica y la brutalidad al extremo, hay formaciones que prefieren mantener un pie en la vieja escuela sin renunciar a los sonidos actuales. Es precisamente ese punto intermedio el que ahora veréis en la crítica de More Than Misery de Carnifex.
Formados en California en 2005, los estadounidenses llevan más de dos décadas repartiendo caña y son uno de los nombres importantes de aquella primera oleada del deathcore. Han sobrevivido a los cambios, las críticas y las modas del género sin perder su identidad por el camino. Eso no significa que se hayan quedado quietos: desde Dead in My Arms (2007) hasta Necromanteum (2023), han ido incorporando elementos del black metal, arreglos sinfónicos y un mayor protagonismo de las melodías, pero sin abandonar la contundencia que siempre los ha caracterizado.
More Than Misery: sobrevivir al dolor y volver a los orígenes
El décimo álbum de Carnifex, More Than Misery, verá la luz el 6 de noviembre a través de Sumerian Records y nace de una idea que ha acompañado a la banda desde sus comienzos: el sufrimiento y la supervivencia.
Pero esta vez hay un cambio de perspectiva. Mientras que en trabajos anteriores Scott Ian Lewis escribía desde dentro de sus propias experiencias dolorosas, ahora lo hace después de haber sobrevivido a ellas. El mensaje ya no consiste simplemente en sobrevivir al dolor, sino en entender que somos mucho más que aquello que nos ha hecho sufrir.
Musicalmente, Carnifex han seguido un planteamiento parecido: recuperar la crudeza y contundencia de sus primeros trabajos incorporando todo lo aprendido durante dos décadas. La intención es devolver el protagonismo a las guitarras y utilizar los arreglos sinfónicos para reforzar su impacto, sin que estos terminen dominando las composiciones.
Deathcore sin freno y una producción que no deja respirar
Tras la breve introducción acústica de «…And I Held Hands With Death», el álbum se convierte en una sucesión de blast beats, dobles bombos a velocidades endiabladas, riffs pesados y breakdowns diseñados para dejarse las cervicales.
Scott Ian Lewis alterna sus habituales growls profundos con shrieks agudos, pasando de los gruñidos más cavernosos a chillidos que parecen salir de otra criatura completamente distinta. La colaboración de Chaney Crabb, de Entheos, en «The Process Of Pain» añade todavía más variedad a ese juego vocal, haciendo que el tema sea de los mas jugosos del álbum.
A todo ello se suman teclados, arreglos orquestales y pasajes melódicos que intentan abrirse camino entre tanta tralla.
Para este trabajo, Carnifex han contado con Zach Householder, guitarrista de Whitechapel, en la producción y grabación, mientras que Jeff Dunne se ha encargado de la mezcla y masterización. Este último ha trabajado con nombres como Chelsea Grin, Knocked Loose o Born of Osiris, bandas vinculadas a las sonoridades más actuales del metal extremo.
Y es precisamente en el sonido donde encontramos el principal problema del disco.
More Than Misery presenta una producción comprimida hasta la extenuación. La batería, especialmente el doble bombo, ocupa buena parte de la mezcla, pero paradójicamente el conjunto carece de cuerpo en las frecuencias graves. El bajo prácticamente desaparece, las guitarras se apelmazan y hasta las voces tienen que pelear por encontrar su sitio.
Lo frustrante es que detrás de ese muro de sonido hay armonías, detalles melódicos y cambios rítmicos que merecerían escucharse con mucha más claridad. La búsqueda de una contundencia extrema termina aplastando buena parte de los matices que podrían hacer mucho más interesantes las composiciones.
Las buenas ideas que sobreviven al muro de sonido
«No Gods Only Graves» es uno de los cortes que mejor funcionan. Mantiene toda la agresividad de Carnifex, pero permite distinguir mejor los instrumentos. Sus breakdowns, apoyados en ritmos más sincopados y machacones, son una invitación directa al headbanging.
También destaca «Only The Dead», que gana interés a medida que avanza. Los growls profundos de Scott Ian Lewis y los cambios de ritmo mantienen la contundencia, pero es especialmente interesante ese solo de guitarra con cierto aroma al heavy metal tradicional. Un detalle que aporta variedad entre tanto breakdown.
Por su parte, «Roses & Rotting Corpses» presenta una composición con bastantes giros y buenos pasajes melódicos, aunque vuelve a quedar especialmente perjudicada por esa falta de definición sonora. Algo parecido sucede con «Coffin Crowned King». Su arranque atmosférico y los arreglos orquestales apuntan buenas maneras, pero los detalles vuelven a perderse cuando entra toda la artillería. Son precisamente estos momentos los que más rabia dan: hay ideas interesantes, pero cuesta apreciarlas entre tanto ruido.
El otro inconveniente aparece conforme avanza el álbum. Los breakdowns, las ráfagas de batería y los arreglos sinfónicos se suceden siguiendo patrones bastante similares. «Gothic Serpent» es uno de los ejemplos más claros de esa reiteración de recursos. La fórmula funciona, pero termina provocando cierta sensación de repetición. Cuando todo pretende sonar brutal constantemente, la brutalidad acaba perdiendo parte de su efecto.
Licking Love From A Knife: lo mejor llega al final
Por suerte, Carnifex se guardan una de sus mejores cartas para el cierre.
«Licking Love From A Knife» es probablemente la composición más completa del disco. Sus casi ocho minutos comienzan con una extensa introducción atmosférica de teclados, electrónica y guitarras, antes de dar paso a una descarga que combina mucho mejor agresividad y melodía.
Aquí los arreglos sinfónicos tienen mayor protagonismo, las voces encuentran su sitio y los cambios de ritmo mantienen el interés hasta el último breakdown. Pero lo más interesante es cómo la canción construye su intensidad. No necesita descargar toda su artillería desde el primer segundo y sabe aprovechar los contrastes entre los pasajes atmosféricos y los más brutales. Sigue habiendo contundencia de sobra, pero también espacio para que la composición respire.
Conclusiones de la crítica de More Than Misery
More Than Misery tiene buenas composiciones, mucha pegada y momentos realmente interesantes. Carnifex consiguen recuperar la esencia del deathcore clásico sin sonar desfasados, algo que tiene bastante mérito después de veinte años.
Sin embargo, una producción demasiado compacta y cierta reiteración de recursos terminan jugando en su contra. Especialmente cuando se compara con la mayor claridad sonora de Necromanteum.
Carnifex siguen teniendo fuerzas de sobra para repartir caña y demostrar que todavía tienen cosas que decir. El problema de More Than Misery no es la falta de brutalidad. Es que, de tanto apretarla, han terminado asfixiando al propio disco.
Y precisamente por eso, no puedo esperar a comprobar cómo suenan estas canciones en directo, a lo grande y con una mezcla que, ojalá, les devuelva el cuerpo y la claridad que tanto echo de menos en este álbum.
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