Con el motivo del nuevo remake de ‘The Legend of Zelda: Ocarina of Time’ para Nintendo Switch 2, que estará disponible el 5 de noviembre de este año, analizamos la música de uno de los videojuegos más queridos e influyentes. Además, hace poco se anunciaba el lanzamiento de la película live-action, que saldrá en 2027. Hoy repasamos la toda la diversidad y belleza de OOT (‘The Legend of Zelda: Ocarina of Time’).
1998 – El comienzo de la aventura
Corría el año 1998. El rock había cambiado de arriba abajo, se había vuelto más oscuro, incierto y pesimista. El mundo se acercaba al nuevo siglo con una falsa sensación de seguridad, sin ser consciente de las consecuencias de sus actos. Ese año Pearl Jam lanzaba Yield, Smashing Pumpkins mezclaba synthpop y eléctronica con Adore, y el neón rosa se intercambiaba por las luces blancas y una estética underground llena de sombras negras y grises.
Sin embargo, desde Japón se empezaba a escuchar la melodía de una ocarina, unas cálidas notas bajo el resplandor de una luna blanca. Los azules ojos de un niño, con su fatigosa hada Navi, miraban en dirección al reino de Hyrule, dispuestos a salvarnos de una realidad que empezaba a pesarnos. Ese pequeño niño, criado en el bosque Kokiri, encarnó a toda una generación. Un forastero, alguien que no encajaba del todo, un marginado que llegaría a convertirse en el héroe del tiempo. Y aunque haya habido juegos anteriores y posteriores, es este muchacho el que ha permanecido aferrado a nuestro imaginario.
La música en Ocarina of Time
La música en ‘The Legend of Zelda: Ocarina of Time’ no es un simple añadido ni un acompañamiento. Es, como en El Señor de los Anillos, una fuerza mágica, llave de un amplio cosmos y eje narrativo capaz de abrir portales, alterar el tiempo o sanar almas.
… esos relatos y cantos atribuyen a la música, por encima de su dimensión artística, un poder que domina a las almas y a los pueblos y la convierte en regidora secreta o en repertorio de leyes para los hombres y sus Estados. El pensamiento de una excelsa vida celestial de los seres humanos bajo la hegemonía de la música tiene su papel en la vida pública y privada desde la más remota antigüedad china hasta las leyendas de los griegos’.
Herman Hesse, El Juego de los Abalorios
La música eclosiona con la sangre flamenca de los Gerudo, con modos antiguos como el Dórico y el Lidio, y mezclas entre escalas menores y mayores para brindarnos un halo seráfico de lejanía. Los vívidos colores, con un potente simbolismo, se combinan con esa tierna hierba rodeada de luciérnagas y eláteros. Nos llevan de la mano a través de bosques, templos, cuevas heladas, volcanes y siniestras tumbas.
Del canto gregoriano a Beethoven
En el ‘Overworld Theme’, la brillante estrategia del maestro Kuji Kondo se inspira en la emoción armónica que transmite Beethoven con su quinta sinfonía, especialmente en el cuarto movimiento. Tras tres movimientos de tensión, Beethoven pasa al cuarto con una gloriosa introducción en do mayor, una bocanada de aire fresco. Kondo nos lleva por un viaje similar, desde la oscuridad hacia la luz, en tan solo ocho compases, siendo la tonalidad de do mayor el reflejo de la esperanza que recae sobre el héroe.
Otro momento inolvidable es la entrada al Templo del Tiempo. Tomando inspiración directa del canto gregoriano del medievo, Link deja el dicharachero mercado para sumirse en la voluptuosidad del templo. Es aquí donde escuchamos por primera vez unas voces masculinas a capela, sin base armónica, sin progresiones. Solamente dos voces en contrapunto generando breves disonancias y ecos sobre la antigua piedra, pero al mismo tiempo capaces de hacernos flotar en un espacio vacío e inmenso. Y como en la leyenda artúrica, tras derrotar a las criaturas que custodian las Piedras Espirituales, Link vuelve al templo y saca la Espada Maestra del pedestal. Pero no es un momento de alegría, ya que, como para el rey Arturo, la espada marca el inicio de una inmensa y dolorosa responsabilidad.
La música de los Templos
La música de los distintos templos no es menos interesante. Pasamos a una psicodelia fantasmal en el Templo del Bosque, donde la extraña percusión, los constantes ecos y los sonidos sin rumbo aparente sumergen al jugador en un espacio incongruente y cambiante. En el Templo del Fuego los creadores utilizaron originalmente un canto de rezo islámico, pero interfería con su política de no incluir elementos de religiones reales y fue sustituido.
De la atmósfera ritualista del Templo del Fuego viajamos al Templo del Agua, con sus hipnóticas escalas e instrumentos exóticos, como el angklung (instrumento de tubos de bambú originario de Indonesia) mezclado con el piccolo, el dulcémele (similar al clavicordio), y el glockenspiel. Ambiente ideal para reflejar la quietud y la contemplación del agua como fuente de toda vida.
Misticismo en Ocarina of Time
La música del Templo de las Sombras es, como bien indica su nombre, de las más inquietantes. Abre con un glissando cromático cantado por voces femeninas a modo de lamento, como una voz que sufre y se arrastra a través de las paredes del calabozo. Le sigue como macabra respuesta unas voces masculinas que suben y bajan también de manera cromática. Kondo además mezcla de manera sublime muestras sintetizadas del Erhu (violín chino) con flautas de pan, sonidos de yunques y cadenas que se arramblan y siniestros pellizcos del Santur.
El último templo, el Templo del Espíritu, utiliza escalas de modalidad árabe, otorgando al oyente una sensación de antigüedad y misticismo. A diferencia del primer intervalo del Tema de los Campos de Hyrule (una quinta ascendente para reflejar la amplitud y el sentido de aventura), el primer intervalo de este templo es una quinta descendente. Kondo empalma después con una escala menor armónica. Ya no estamos en los campos verdes y abiertos del reino, sino en un desierto milenario lleno de sepultados secretos. Los principales instrumentos nos trasladan a Oriente Medio y a la India, utilizando el sitar, el oud (laúd árabe), flautas de caña, tambores de copa y crótalos.
Diversidad y belleza
La música en Ocarina of Time es de una diversidad y belleza inusuales. Las mezclas en MIDI, con su sonido imperfecto, vacío y limpio, activa los mismos circuitos de la imaginación de nuestra niñez, generando una calidez emocional inmediata. Una obra maestra de principio a fin donde la música es uno de los mayores protagonistas, remontándonos a épocas cuando la música cumplía un papel esencial en la sociedad. Un homenaje a esta disciplina que, por desgracia, ha pasado de esencia originaria y conexión con los divinos misterios, desde tiempos inmemoriales, a pasatiempo y vendaje anestésico por la falta de espiritualidad y arraigo moral.
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